Editorial

Más señales de recuperación inmobiliaria

La recuperación del mercado hipotecario es una de las variables que demuestran que la economía española sigue acelerando uno tras otro sus motores. A los datos sobre incrementos en la contratación de nuevos préstamos tras la larga y dura restricción crediticia vivida en los últimos años se unen también las estadísticas que revelan la caída de las ejecuciones hipotecarias, que se han reducido más de un 14% desde sus máximos en 2010. El número de estos procedimientos ha llegado a sumar 600.000 desde 2007. Si se analiza la evolución desde principios de este año, los embargos de viviendas han descendido casi un 7% hasta el mes de marzo respecto al mismo periodo de 2014.

Al mismo tiempo, la radiografía del sector hipotecario constata que el volumen de adjudicaciones de activos inmobiliarios para la banca continúa su marcha ascendente, al igual que está ocurriendo con las daciones en pago. La explicación es que la banca no consigue –o bien retrasa por las poco ventajosas condiciones del mercado en cuanto a precios– vender la elevada masa de activos que todavía acumula en sus balances. Este retraso puede, entre otras consecuencias, aumentar la exposición de los fondos de titulización españoles a pérdidas más elevadas, justo en un momento en que acaba de suscribirse la primera titulización de bonos de hipotecas residenciales en España tras ocho años de sequía. Para los expertos, la vuelta de esas operaciones supone un indicio claro de recuperación del mercado crediticio. Además, el hecho de que la apertura de la financiación se produzca en un entorno de tipos de interés bajos hace presagiar un más rápido crecimiento del mercado de la vivienda.

Los signos de revitalización de las operaciones inmobiliarias constituyen una buena noticia no solo para el propio sector y sus proveedores, sino para la banca, los consumidores y el conjunto de la economía. En el caso del sector financiero, el regreso de la fluidez del crédito está abriendo la puerta a nuevas propuestas de financiación para adquirir activos inmobiliarios. Es el caso de la posibilidad de crear un préstamo hipotecario específico para los inversores que quieren comprar una vivienda para dedicarla al alquiler, un producto financiero habitual en Reino Unido. Sin embargo, parece difícil que una propuesta que aúna el elevado riesgo –especialmente en un mercado inmaduro como es el del alquiler en España– y las escasas perspectivas de crecimiento interese a una banca que hoy, más que nunca, no solo debe canalizar sus recursos bajo criterios de solvencia y eficacia, sino que debería orientarlos a inversiones con mayor recorrido y más productivas. El reto para el mercado de la vivienda es echar de nuevo a andar, pero hacerlo de forma ordenada y racional y sin repetir viejos errores que España ha pagado caro.

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