La meta de la milenaria ruta de peregrinación sigue cautivando

Santiago, cosmopolita desde hace mil años

La catedral es la obra más sobresaliente del arte románico en España.

Santiago de Compostela
Plaza del Obradoiro.
Plaza del Obradoiro.

Lleva siglos acogiendo visitantes y peregrinos de todo el mundo. La ciudad más cosmopolita de Galicia, Patrimonio de la Humanidad desde 1985, posee un conjunto monumental excepcional, probablemente uno de los mejor conservados de Europa.

Para los peregrinos, creyentes o no, llegar al Monte do Gozo supone vislumbrar con emoción las torres de la catedral, el fin del Camino. Una recompensa ansiada durante muchas jornadas, la meta de todos los caminos. Pero la entrada en la plaza del Obradoiro y la primera visión de la catedral de Santiago de Compostela sobrecoge.

Muchos permanecen durante horas en la gran explanada contemplando la obra más sobresaliente del arte románico en España, con elementos góticos, renacentistas y barrocos, que brilla por sí sola en ese excepcional espacio que ocupa la plaza.

La entrada oeste de la catedral fue rematada en 1188 con la obra cumbre de la escultura románica: el Pórtico de la Gloria (actualmente en proceso de restauración, igual que la fachada principal). Este soberbio conjunto de tres arcos, esculpido por el maestro Mateo, aporta al atrio un poderoso simbolismo.

Dentro, el botafumeiro, el enorme incensario usado desde la Edad Media para purificar un lugar donde se apiñaban las multitudes, sigue maravillando a los visitantes cuando, tras la comunión, suena el himno del Apóstol en los órganos barrocos y empieza su recorrido pendular frente al altar mayor. Un espectáculo.

Historias del botafumeiro

Catedral de Santiago
Interior de la catedral de Santiago.

El botafumeiro ha protagonizado pocos accidentes: el día del Apóstol de 1499 se estrelló contra la puerta de Platerías; en 1622 tuvo lugar el segundo fallo y se estampó contra el suelo, y en el siglo XX hirió a una persona que se acercó demasiado.

Es recomendable subir a la cubierta de la catedral, una visita ya sugerida en el Códice Calixtino para apreciar mejor su espléndida belleza. La vista alcanza gran parte del conjunto histórico, la zona nueva de la ciudad y alrededores, desde el monte Pedroso hasta el del Gozo. Las visitas son guiadas y conviene hacer reserva telefónica o en la web de turismo de Santiago.

Con ser la principal atracción, la catedral no es el único monumento reseñable de la plaza; destacan también el Hospital Real (actual Parador), mandado construir en 1501 por los Reyes Católicos para atender a los enfermos y peregrinos, y el Pazo de Raxoi, neoclásico con aires versallescos, que comparten el Ayuntamiento de Santiago y la Xunta de Galicia...

Si logramos salir de la plaza, una ruta recomendable para conocer la ciudad puede partir del Parque de San Domingo de Bonaval, una antigua finca y cementerio de un convento dominico, desde donde se aprecian unas vistas sorprendentes de la zona monumental.

Al lado se encuentra el Panteón de Gallegos Ilustres (Rosalía de Castro, Brañas, Asorey, Cabanillas, Fontán y Castelao) y el Museo Etnográfico do Pobo Galego, con una excepcional escalera de caracol barroca. Junto a él está el Centro Galego de Arte Contemporánea, del arquitecto portugués Álvaro Siza. Desde allí es fácil adentrarse en la parte más antigua.

Santiago de Compostela es una ciudad para callejear, hay que dejarse llevar y sorprenderse con cada rincón, también con los curiosos personajes que, después de siglos, siguen recabando en este lugar extraordinario.

Cocina de mercado en el mercado

Merado de Santiago
El mercado es el segundo lugar más visitado después de la catedral.

Santiago ejemplifica la tradición y riqueza gastronómica de Galicia y es uno de sus principales atractivos. Visitar el mercado de abastos, segundo lugar más concurrido de la ciudad después de la catedral, es una experiencia, sobre todo los jueves y sábados.

Esos días se convierte un auténtico escaparate de la materia prima que sustenta la buena cocina gallega. Los campesinos de los alrededores de la ciudad exponen productos cultivados y elaborados por ellos. Y también pescado, marisco, magníficas carnes, legumbres, quesos, embutidos...

Además de recorrer los puestos y disfrutar del ambiente, los visitantes pueden degustar en el bar del mercado los productos que acaban de comprar. Por una pequeña cantidad, en Marisco Manía cocinan al momento los alimentos adquiridos. Un privilegio al alcance de cualquiera. Otra opción es el pequeño restaurante Abastos 2, que se encuentra en las casetas de la parte exterior del mercado.

Aquí ponen en práctica la cocina sen neveira. Cada día escogen los mejores manjares frescos disponibles en los puestos del mercado para diseñar un menú compuesto de miniplatos deliciosos. Naturalmente, el menú es diferente cada día, depende de la oferta de productos.

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