Hasta mayo se han adjudicado 32 proyectos con rebajas hasta del 70%

La ingeniería se reparte decenas de contratos con bajas nunca vistas

La sequía de trabajo y la forma de puntuar dispara la guerra de precios

Las mayores empresas empiezan a eludir concursos para evitar pérdidas

Grupo de ingenieros en sus mesas de trabajo.
Grupo de ingenieros en sus mesas de trabajo.

La ingeniería está en horas bajas en España, ante la sequía de inversión en obra pública, y las empresas están presentando ofertas extraordinariamente baratas por el poco trabajo licitado. En lo que va de año se han entregado al menos 32 proyectos de asistencia técnica y control de obra, promovidos por distintas Administraciones, con bajas superiores al 50% sobre los presupuestos estimados en los pliegos. La situación está dando lugar al fomento de la ingeniería low cost, según vienen criticando desde el Colegio de Ingenieros, hasta las asociaciones empresariales Tecniberia y Fidex, entre otras muchas.

KV Ingenieros, Betancourt, Cemosa, Getinsa, Eurocontrol, Cygsa, SGS Tecnos, Payma Cotas y un largo etcétera, son referencias que aparecen como ganadoras de concursos de Adif Alta Velocidad, el Servicio de Sanidad de Castilla La Mancha, Aena, el Canal de Isabel II o el Ministerio de Medio Ambiente, en los que las bajas llegan a rozar el 70%, lo que motiva la desbandada de las mayores empresas para evitar realizar trabajos a pérdidas.

A lo largo de la crisis la contratación de trabajos de ingeniería para elaborar proyectos de construcción, así como la posterior ejecución de las obras, ha venido valorando la oferta económica por encima de la técnica. En concursos de Adif el precio supone el 75% de la puntuación, por un 25% que pesa la solvencia técnica de las empresas que pugnan por hacerse con los contratos. Ya en el caso de Aena la contratación se ha convertido en una subasta después de que los participantes pasen una criba en la que se exige una mínima aptitud técnica.

De este modo, puede verse que contratos tasados por la Administración en 2,5 millones acaban adjudicándose en 800.000 euros. “Las mayores ingenierías no van a los contratos más grandes porque les supone perder dinero y fuerza para su apuesta exterior, pero se las ve en los concursos más pequeños porque arriesgan menos dinero y logran mantenerse como contratistas del Adif, Dirección General de Carreteras, etcétera”, apunta un alto directivo del sector.

La regulación española defiende la eliminación de ofertas temerarias por contratos públicos, pero la frontera de la temeridad no tiene líneas fijas. Antes de la crisis se consideraba que una puja por obra pública era temeraria si superaba en cuatro puntos la media de las ofertas concurrentes. Entrada ya la recesión la línea se movió hasta diez puntos sobre la media de las pujas. Ese simple movimiento ha ido generando una fuerte escalada en las ofertas agresivas. Una demostración de que el Estado es ahora mucho más permisivo con la guerra de precios es que el reglamento de la antigua Ley de Contratos de las Administraciones Públicas dictaba que, cuando una sola oferta concurría a un concurso, esta se declaraba temeraria si estaba un 25% por debajo del presupuesto base de licitación.

La Administración suele defenderse asegurando que sobreponderar el precio arroja ahorros y permite objetivar una adjudicación para evitar cualquier sombra de duda sobre favoritismos en las mismas. Ha tomado este camino máxime cuando las empresas clasificadas para competir por los contratos ya han demostrado tanto su solvencia como experiencia.

La calidad pesa más que el precio en el exterior

Las mayores empresas de ingeniería, agrupadas en Fidex, ha venido reclamando a lo largo de la crisis que los principales motores de obra pública del país miren al exterior y copien los modelos de contratación. El Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo o la Comisión Europea puntúan con 80 sobre 100 la calidad de los proyectos y solvencia técnica de las empresas a la hora de contratar ingeniería.

Y el porcentaje sube hasta el 100% en países como Estados Unidos, Alemania o Finlandia, donde los promotores públicos de obra civil, proponen precios fijos e incluyen distintos aspectos que puntúan en los concursos: la presencia de determinado perfil de profesionales, el número de ingenieros que se pondrá a disposición del proyecto o la veteranía de los mismos.

El presupuesto de las obras, que acompaña a los pliegos de contratación, es fijado por funcionarios especializados y suele rondar el 3% del montante total del proyecto. Las bajas, defienden desde las patronales de la ingeniería, redundan en posteriores sobrecostes de construcción y, a más largo plazo, en la peor calidad de las infraestructuras. Desde Fidex se calcula que el sector ha perdido el 90% de la actividad que tenía en España antes de la crisis.

“Un factor que juega a favor del sector es la directiva europea en materia de contratación pública que España debe adaptar antes de 2016 y cuya transposición implicaría la valoración en términos de calidad de la ingeniería y no la mera atención al precio”, sostuvo días atrás públicamente Fidex, el colectivo que agrupa a nueve de las principales ingenierías del país.

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