Editorial

Alerta en el gasto público y el coste laboral

La economía circula ya a velocidad de crucero, a un ritmo no inferior al 3,5%, a juzgar por los detalles que Estadística ha proporcionado sobre el comportamiento de la actividad en el primer trimestre de 2015. Una tasa intertrimestral del 0,9%, que seguramente se está superando en el trimestre actual, coloca la interanual en el 3,5% (en los últimos cuatro trimestres el avance es del 2,7%) y está sostenida por la creciente pujanza del consumo de los hogares y la inversión empresarial, así como por una actividad exportadora fuerte, pese a que el intercambio con el exterior resta aún crecimiento. En el consumo, el comportamiento es homogéneo, aunque las partidas más activas son las que tienen que ver con la demanda de bienes duraderos (las ventas del comercio avanzan también ya a tasas del 4% real), y mientras que en la inversión se ha sumado con variaciones cuasi exuberantes en los dos últimos trimestres la construcción, hasta el punto de ser la partida que más crece de la demanda (6,7%) y la que genera mayor avance del empleo (9,7%).

Esta aceleración en el crecimiento, que está en parte sustentada por el viento que empuja desde el exterior (precios del petróleo bajos y un euro depreciado), se ancla cada vez más en la expectativa positiva de los agentes domésticos y en el impulso que proporciona el empleo, que en el último año acumula un avance de 458.000 puestos de trabajo a tiempo completo equivalente, casi un 3% interanual.

Pero en los tres primeros meses del año se aprecian también de forma explícita comportamientos de algunas variables que pueden empezar a socavar las bases que han impulsado la recuperación en los dos últimos años. Para empezar, seguramente aprovechando la cita electoral en comunidades y ayuntamientos, ha vuelto a tasas positivas el consumo (gasto) público, tras una docena de trimestres de descensos continuados. El avance es muy ligero, de solo una décima interanual, pero es la primera señal que contradice los argumentos que han llevado a España a recuperar la credibilidad exterior y la financiación de la que tanta dependencia tiene. Hay que recordar que España, y dentro de ella las comunidades como nadie, tiene déficits fiscales superiores al 4% y que la exigencia comunitaria, y también la de los financiadores, es que se reduzca hasta acercarse al equilibrio, para que se consolide el crecimiento y pueda reducirse una deuda pública que roza una vez el PIB.

Y llama la atención que en el primer trimestre se haya producido un sorpasso radical en el comportamiento de la remuneración de los asalariados, desde tasas negativas a positivas, hasta el punto de que el coste laboral unitario ya no es descendente, sino ascendente, con el riesgo que tiene de frenar la recuperación de los niveles de competitividad de la economía española, y que hasta ahora ha sido el fundamento más sólido para volver a crecer.

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