La bodega Abadal elabora vino con uvas autóctonas del Bages

La masía que guarda un tesoro en sus bajos

El grupo vinícola familiar factura en la actualidad 17,5 millones de euros.

Masía de lafamilia Roqueta, que acoge la bodega Abadal.
Masía de lafamilia Roqueta, que acoge la bodega Abadal.

La historia de la familia Roqueta se esconde en una masía del siglo XII en Santa Maria d’Horta d’Avinyó, en pleno corazón del Bages (Barcelona), aunque el rastro de la familia se pierde allá por el 1500, 18 generaciones atrás. Y es en esta zona, rodeada por las montañas de Montserrat, que corta la corriente del aire del Mediterráneo y la sierra de Castelltallat, donde se levanta Abadal, una bodega creada en 1983 cuyos cimientos comenzaron a fraguarse en 1898, cuando los antepasados de Valentí Roqueta, el impulsor de la bodega tal y como hoy está concebida, comenzaron a elaborar y posteriormente comercializar vino. De todo ello hay prueba en los húmedos bajos de la masía, que sigue siendo la casa de reunión de los Roqueta y esconde uno de sus mayores tesoros:botas de castaño, roble y cerezo de más de 200 años que contienen vino rancio. Una joya que, de momento, guardan.

Fue en los años ochenta cuando Valentí Roqueta, con el título de Enología –expedido en la Universidad de Montpellier– bajo el brazo, comenzó a trabajar en el grupo vinícola familiar, que en la actualidad factura 17,5 millones de euros. En mente tenía un ambicioso plan de modernización de las instalaciones, implantar un modelo de château bordelés, a la vez que recuperar para el viñedo variedades de uva autóctonas y elevarlas de categoría, como la blanca picapoll, que se ha convertido en el estandarte de la Denominación de Origen Pla de Bages y una de las grandes protagonistas de esta bodega. Sobre una extensión de 50 hectáreas conviven más de 10 variedades de uvas, como la blanca macabeo o las tintas mandó, sumoll y ull de llebre, junto a chardonnay, cabernet sauvignon o merlot.

O te llamas Valentí o Ramón

En la familia Roqueta hay una tradición que se cumple generación tras generación:el nombre de los primogénitos se va alternando entre Valentí y Ramon. “Mi padre se llama Valentí y yo le he puesto a mi hijo su mismo nombre, y el hijo de mi hijo Valentí se llamará Ramon”, afirma Ramon Roqueta, de 34 años, que recientemente se hizo cargo de la dirección de la bodega, que gestiona mano a mano con su progenitor, Valentí Roqueta, de 64 años. Esta anécdota refleja el respeto por las tradiciones, por el terruño, por la memoria de la familia, que muestran en un pequeño museo en el que guardan hasta las furgonetas en las que sus antepasados vendían vino en Manresa. Hoy colocan el 46%fuera de España, en 50 países.

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