El nuevo 'management'

Cómo gestionar la empresa sin miedo al cambio

Los negocios en continua adaptación responden mejor ante posibles crisis.

Cómo gestionar la empresa sin miedo al cambio

Los últimos años de crisis económica han generado todo tipo de obstáculos y retos para las empresas españolas. Cerrado el crédito y fulminados algunos de los sectores que generaban muchos recursos con gran rapidez, las compañías han tenido que probar su capacidad de reacción y adaptación a un entorno económico que sí ha provocado profundos cambios en el mercado y en los hábitos de consumo.

Pero adaptarse no siempre es fácil. Según el Instituto de Estudios Económicos, en base a los datos del Anuario de competitividad mundial 2014 del Institute of Management, las empresas españolas no saben, por lo general, adaptarse bien a los cambios que demanda el mercado. En una puntuación de cero a diez, las compañías de nuestro país sacan un 5,08 en capacidad de adaptación, ubicándose en la 50A posición del ranking.

La adopción de medidas en el seno de la empresa suele desencadenarse por el impacto de elementos externos en el desarrollo de su negocio: crisis de consumo, inestabilidad política, aumento de la competencia o ausencia de ella… Y, como explica Juan Carlos Pastor, profesor de comportamiento organizacional y experto en liderazgo de IE Business School, los cambios pueden seguir dos líneas: la económica, por ejemplo, reduciendo costes o reforzando capital; o la organizativa, poniendo el foco en la estructura y los procesos internos. “El cambio acaba siendo un balance de ambas cosas. Depende de la dirección fijar en cuál de ellas poner más énfasis”.

Por detrás de Letonia y delante de Francia

Las empresas de hasta 49 países se adaptan con mayor rapidez que las españolas a los cambios del entorno, según la clasificación del Instituto de Estudios Económicos. Las compañías letonas, lituanas, italianas o húngaras obtienen mejor puntuación que las españolas, que cuentan con un 5,08. Eso sí, éstas se sitúan por delante de las portuguesas, con un cinco raspado, y de las francesas, con un 4,66. Las empresas suizas son las primeras en este particular ránking, seguidas por Dinamarca e Irlanda, que completan el podio. Parece claro que, por lo general, las empresas españolas tienen en la adaptación a los cambios del entorno una de sus asignaturas pendientes. Algunos de estos cambios pasan por la competitividad global y la digitalización de la sociedad, aspectos que, por otra parte, también van unidos:“cada vez se demandan productos de más calidad y menos coste, y las nuevas generaciones ya son nativas tecnológicas y demandan procesos más rápidos. La tecnología es un imperativo”, apunta el profesor del IE Juan Carlos Pastor.

Una decisión crucial, ya que de la forma en que se gestione ese cambio dependerá el desempeño futuro de la organización. “En España tenemos mucha variedad de casos: hay empresas muy bien gestionadas que no suelen tener problemas para gestionar cambios, y también un buen número de negocios mal dirigidos que cambian cuando ya no tienen más remedio… y cuando es tarde”, explica Pastor.

Los cambios que puede acometer una empresa son diversos y de diferente profundidad: desde la implantación de nuevas políticas de gestión hasta cambios estratégicos y de modelos de negocio; cambios provocados por situaciones externas o por impulso interno de una dirección que busca la excelencia en su organización. En cualquier caso, como afirma Rafael Álvarez-Novoa, socio Director de DT Directores de Transición, “los cambios en la empresa se deben producir de manera continua, aunque pueda costar pasar de la rutina a algo nuevo. Sobre todo, por la rapidez con la que cambia el entorno”.

La decisión

Sin embargo, tomar medidas en momentos de bonanza no parece sencillo:“cuando la empresa va bien, tienes un aspecto positivo y uno negativo: por un lado, tienes tiempo para planificar, pero por otro, nadie ve la necesidad del cambio. Es difícil sacar a la gente de su zona de comfort”, explica Juan Carlos Pastor. Pero cuando la situación es de crisis, se encienden “todas la luces de cambio”, como dice Álvarez Novoa, pero el tiempo es menor:“la empresa que se ha preparado para el cambio acaba por tener trabajadores, procesos y estructuras flexibles”, analiza Pastor, lo que termina siendo una garantía para momentos de dificultad.

Llegar a esa situación no es fácil. El experto del IE estructura un proceso de cuatro fases:la primera, tener una visión de la empresa a tres años como máximo. La segunda, “crear una conciencia de cambio”, y transmitir las razones y el significado de las modificaciones. En tercer lugar, un trabajo de comunicación interna, “incidir en las personas. Si no están convencidos, los cambios no van a funcionar”. En este caso le corresponde a la dirección tener una relación “muy interactiva” y de diálogo con los empleados. Y por último, tener una meta, “consolidar el cambio y recompensar a la gente que ha tenido éxito en el proceso de cambio”. Rafael Álvarez-Novoa añade un exhaustivo conocimiento del mercado y de la competencia como claves para una gestión del cambio eficaz: “las empresas que son capaces de adaptarse y cambiar, con las que aguantan”, sentencia.

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