Editorial

Colocar escudos antiburbuja

Más compraventas de pisos, más hipotecas, el empleo ligado a la construcción comienza a reaparecer y las grúas vuelven a ocupar parte del paisaje. En suma, el negocio inmobiliario parece que resucita. A nadie debe extrañar que una economía como la española tenga entre sus pilares básicos de crecimiento el sol y el ladrillo. Es natural. Lo que sí es extraño, además de peligroso, es que el recorrido de una economía descanse de manera casi exclusiva en estos dos factores. Y eso es precisamente lo que ocurrió en los años previos a la eclosión de la crisis que todavía hoy nos sacude. De ahí que ahora sea el momento justo de recordar los errores pasados, de aprender de ellos y de poner los pertinentes escudos antiburbuja. De hecho, los bancos ya están empezando a colocarlos. Para el promotor, por ejemplo, piden que el suelo esté siempre libre de cargas, que solo sea necesario financiar la construcción o el vuelo, o que el nivel de preventas de las viviendas a construir esté entre el 50% y el 55% de la promoción. En el caso del particular, este ha de disponer de un notable ahorro previo para hacer frente a la entrada del piso y otros gastos –como los impuestos y los costes de registro y notaría–, o que la cuota mensual del crédito sobre el volumen total de ingresos del hogar no rebase el 33%.

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