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Las causas justas son rentables

Los bonos sostenibles, que invierten en energías limpias o zonas desfavorecidas, ofrecen más rendimiento que la deuda pública

Las causas justas son rentables

¿Es posible ganar dinero y al mismo tiempo favorecer la reinserción de los presos, la educación infantil, la conciliación familiar, las energías limpias o potenciar las zonas más deprimidas? Sí, no es un sueño, puede hacerse realidad mediante bonos sostenibles. Son un nuevo instrumento financiero que ofrece financiación a proyectos que tratan de mejorar problemas sociales, medioambientales o que promueven el desarrollo de zonas deprimidas. En definitiva, que utilizan políticas de responsabilidad social corporativa refrendadas por Naciones Unidas y la Unión Europea.

Bajo este epígrafe se engloban tanto los bonos sociales emitidos por el Instituto de Crédito Oficial (ICO), los bonos verdes lanzados por Iberdrola o Abengoa o los títulos del Banco Interamericano del Desarrollo, que favorecen una mejor calidad de la educación infantil o el acceso de los jóvenes a su primer trabajo.

Los principales emisores de bonos sociales suelen ser entidades o agencias públicas del Estado, mientras que las colocaciones corporativas de empresas energéticas o constructoras se engloban mayoritariamente en la categoría de los bonos verdes. “Suponen un cambio estructural que encaja en la sensibilidad social y de la comunidad financiera”, dice Noelle Cajigas, directora de mercado de capitales de BNP Paribas.

Estos vehículos permiten a inversores institucionales (aseguradoras como Axa o Zúrich, fondos de pensiones o fondos de inversión), filántropos y Gobiernos acceder a inversión alternativa, explica Jaime Silos, director de desarrollo corporativo de Forética. En Europa y Estados Unidos hay 17 billones de dólares gestionados con un mandato socialmente responsable, que demandan proyectos de inversión con un impacto positivo. Así, el reciente bono social del ICO recibió una demanda por el doble de su importe objetivo y en el caso de Iberdrola se cuadruplicó, recalca José María Domínguez Isusi, director de mercado de capitales de Banco Sabadell.

El gran crecimiento de la inversión socialmente comprometida en Europa está liderada por los inversores institucionales, mientras que en EE UU corresponde a particulares, a activistas

El año pasado y en lo que va de año en nuestro país se vendieron 2.025 millones de euros y a nivel mundial fueron más de 56.000 millones de euros en 2014, según la firma de análisis Dealogic. Las previsiones de Crédit Agricole para 2015 lo calculan en 60.000 millones de euros. Más a largo plazo, BBVA, que ha participado en las emisiones de Acciona, BEI o GDF Suez, avanza que solo las colocaciones de bonos verdes podrían alcanzar los 263.316 millones de euros en 2020, si se sigue en la senda de reducir el impacto del cambio climático, avalado por la Agencia Internacional de la Energía.

Sorprende que el impresionante crecimiento de la inversión socialmente responsable en Europa esté liderado por los inversores institucionales, mientras que en EE UU corresponde más a particulares, activistas, recuerda Silos analizando los datos de Eurosif, foro de inversión socialmente responsable. El interés por estos productos se ve también en la diversificación en el tipo de emisor, siendo en 2013 mayoritariamente entidades públicas, mientras que en 2014 el 65% de los colocadores fueron empresas y bancos, según se comentó en una jornada organizada por el Instituto de Finanzas Éticas y Responsables de EUDE Business School.

¿Qué aportan a un inversor? La oportunidad de alinear sus inversiones con sus valores éticos, generando un dividendo social o ambiental y diversificación, ya que en muchos casos, los factores que afectan a su comportamiento no guardan correlación con los factores de mercado (crecimiento, inflación, tipos de interés), responde Silos.

Como el universo de títulos de renta fija es amplio, los expertos aconsejan analizar emisión por emisión. Unos cotizan en Bolsa y con un cupón que se devenga periódicamente. Otros son complejos, ilíquidos y sujetos a grandes oscilaciones, por lo que no siempre estarán al alcance de un inversor particular. Conviene advertir que algunos bonos sociales pueden generar importantes pérdidas para sus inversores. Así, algunos pagan intereses si se cumplen los objetivos sociales del bono. Por ejemplo, los del la prisión de Peterborough necesitan que la reincidencia de los presos que abandonan su cárcel se reduzca al menos de un 10% para poder percibir intereses. Tras el éxito de esta iniciativa llevada a cabo por 17 fundaciones, la plataforma de emprendedores Upsocial estudia lanzar títulos en España para reducir el desempleo juvenil y mejorar la calidad educativa.

Arranque alcista

Por el momento, los títulos sostenibles españoles están teniendo un arranque claramente alcista, como reflejan las pantallas de Bloomberg. En 2015 los bonos de Iberdrola rinden 1,5%, los de Abengoa casi el 8% (aunque son menos líquidos) y un 2,3% los del ICO. Ganancias muy superiores al 0,7% que marca el bono del Tesoro Español a 10 años.

Cada emisión tiene unos fines distintos. En algunos casos los bonos sirven para financiar las compras de ayuda humanitaria. En el caso del ICO para la concesión de préstamos a pymes localizadas en comunidades autónomas con PIB por debajo de la media, con la finalidad de reactivar la economía en esas zonas e impulsar la creación de empleos. Y en Iberdrola para la financiación de energía eólica y programas de medición inteligente del medio ambiente. Sobre la posibilidad de que el ICO realice nuevas emisiones de bonos sociales, “podrían lanzarse más adelante dado que cada vez hay más inversores interesados en este tipo de producto”, confirman en la entidad.

Lograr la calificación

Pablo Lladó, director del mercado de capitales de Crédit Agricole, recuerda que para que la emisión de deuda sea considerada como sostenible, la empresa debe realizar un análisis interno para determinar los proyectos que son clasificables (respeto al medio ambiente, eficiencia, gobierno corporativo, etc.), designar una agencia de calificación externa (Vigeo o Sustain Analytics) que evalúe los proyectos a financiar y elabore un plan de auditoría para el seguimiento del dinero obtenido en la colocación.

“Los bonos verdes han aumentado la visibilidad de nuestra compañía entre los inversores socialmente responsables, que han suscrito el 36% de la emisión. Ha permitido diversificar la estructura geográfica de inversores, ampliándola a Francia, Escandinavia y EE UU”, coinciden en Abengoa e Iberdrola.

Para el comprador, “más emisiones suponen una garantía de liquidez y que el activo sea más interesante”, confirma Sophie del Campo, directora de la gestora Natixis. El crecimiento de la demanda de energía y las restricciones financieras del sector público impulsarán la inversión privada y el desarrollo de los bonos. Otras industrias como la construcción o el transporte también se verán impactadas.

“Es un mercado nuevo pero atractivo y de futuro. No son una moda pasajera, sino una realidad que ha venido para quedarse y evolucionar, cobrando un papel cada vez más relevante en los productos financieros y en la demanda de los inversores”, concluye Philippe Muñoz, director de inversiones de la gestora del Santander.

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