Editorial

El motor de la vivienda coge velocidad

Los datos sobre venta de viviendas en 2014 que ha hecho públicos el Consejo General del Notariado constatan sin ambages que el sector vuelve a crecer y que lo hace a un ritmo notable. Según esas cifras, el año pasado se vendieron 376.870 casas en España, cerca de un 20% más que durante el ejercicio anterior. Ello supone la primera mejoría significativa desde 2007 y marca el final del largo invierno que ha vivido el sector tras el estallido de la burbuja inmobiliaria. Para comprender la magnitud que ha tenido esa crisis, basta con recordar que si en 2006 se visaban en España más de 800.000 viviendas, en 2014 la cifra fue únicamente de 35.000. A ello hay que sumar el desplome de precios que ha vivido el mercado en los últimos siete años y que se ha traducido en una rebaja cercana al 40% de media, aunque en algunas zonas de la geografía española –el área mediterránea, especialmente– esa reducción ha llegado a ser hasta de la mitad.

Las razones que explican esta recuperación tienen que ver con el cambio de signo de la propia economía española, pero también con el ajuste de un mercado que ha sufrido con severidad los males de la sobredimensión. La fuerte corrección de precios vivida en los últimos años ha propiciado que desde el verano de 2013 se haya creado un flujo creciente de inversores internacionales en busca de rentabilidad. También la progresiva mejora en el mercado de trabajo y la reapertura del grifo crediticio han posibilitado el cierre de operaciones por parte de particulares, a lo que hay que sumar la creación de instrumentos para canalizar la inversión de los pequeños ahorradores, como es el caso de las Socimi (sociedades anónimas cotizadas de inversión inmobiliaria).

Todo apunta a que la velocidad y solidez que adquiera la recuperación irán parejas a las que experimente la propia economía española. Sin embargo, no hay duda de que la radiografía de las condiciones de compra de vivienda en nuestro país ha cambiado sustancialmente tras los duros años de la crisis. Las estadísticas apuntan a que cerca de tres de cada diez adquisiciones se realizan sin solicitar hipoteca y que, en caso de hacerlo, estas se conceden por una media del 60% del valor de tasación del inmueble. Aunque los expertos descartan por ahora el peligro de una nueva burbuja, más allá de los próximos cinco o seis años el comportamiento de este sector –como el de muchos otros– es una incógnita. Ese potencial de crecimiento futuro puede convertir el ladrillo en una atractiva opción para invertir, pero también puede ser el germen de nuevos desequilibrios. Precisamente por ello, el futuro del mercado inmobiliario pasa por el reto de mantener un ritmo de crecimiento racional y sostenido en el tiempo y por evitar la tentación de repetir los graves excesos del pasado.