El Foco

El tiempo es oro

Y la espuma de los vasos de cerveza se iba poniendo como estopa, se entibiaba y contraía mientras nos mirábamos y sentíamos que eso era el tiempo”. De tan impactante manera nos describe el genial Cortázar en Rayuela la relatividad del valor del tiempo. Mientras que para unos es limitado y exige un aprovechamiento completo del mismo para generar un valor, para otros, su propio valor radica en disfrutar el transcurso del mismo.

Los análisis de costes y beneficios en infraestructura de transporte tienen en cuenta una serie de factores

Esto viene a colación de la publicación el pasado mes de diciembre por la Comisión Europea de la Guide to Cost-benefit Analysis of Investment Projects, la versión actualizada de su metodología de análisis de coste y beneficio. Tal como se explica más adelante, el valor del tiempo, y la conversión del ahorro del mismo en unidades monetarias, es uno de los factores determinantes en el análisis económico de proyectos de infraestructuras de transporte y, como tal, considero de gran importancia su tratamiento para tratar de evitar resultados engañosos.

Haciendo un rápido resumen previo, los análisis de coste y beneficio tienen en cuenta una serie de factores o externalidades, considerados como beneficios potenciales de la ejecución y operación de nuevas actuaciones, entre los que se encuentran la reducción de la siniestralidad, la mejora medioambiental (con reducción de la contaminación o del ruido), así como los potenciales beneficios considerados como excedente del consumidor y excedente del productor.

Dentro del excedente del consumidor, destacamos el beneficio económico que se genera calculado como resultado del ahorro de tiempo para los futuros usuarios y beneficiarios de la correspondiente infraestructura, al que se aplica un valor del tiempo expresado en unidades monetarias (X Euros por hora). Pero dicho valor difiere según los países, situaciones, modos de transporte, etc. Según explica la citada guía, el valor del tiempo depende de una serie de factores que se exponen a continuación de manera resumida:

  • El mercado de trabajo: las distorsiones del mismo recomiendan realizar diversos ajustes en el valor del tiempo para reflejar el nivel de desempleo.
  • El sector industrial: lo ideal sería estimar diferentes ratios de valor del tiempo en función de categorías laborales.
  • El modo de transporte: habitualmente los trabajadores con menores ingresos utilizan modos de transporte más lentos y económicos.
  • El tiempo de espera, paseo y transbordo: las diferencias entre el tiempo ocioso dentro de un vehículo o de espera y paseo dependen de aspectos culturales y difieren entre países.
  • La distancia del desplazamiento: aunque debería ser mayor en los desplazamientos largos que en los cortos, se suele aplicar un mismo valor del tiempo.
  • Las condiciones del trayecto: las situaciones de congestión implican un valor del tiempo más elevados que en trayectos en los que esta no existe.

En conclusión, son muchos los factores que influyen en el valor del tiempo y se procura tener en consideración las diferencias que presentan. Sin embargo, hay un aspecto que no se plantea en dicha guía y que, a mi entender, debería formar parte del proceso de análisis, incumpliendo la regla de que el orden de los factores no altera el producto: el valor del tiempo debe variar en función directa del ahorro unitario de tiempo; es decir, cuanto mayor es la cantidad de tiempo ahorrado por cada usuario, mayor debe ser el valor del tiempo unitario medido en euros/hora, tal como se explica a continuación.

La capacidad o nivel de oferta, inversiones y mantenimiento, etcétera, llevará a resultados diferente

Si bien en el cálculo del beneficio derivado de la reducción de la siniestralidad se tiene en cuenta un escalado del mismo en función del nivel de gravedad de los accidentes, asignando un coste unitario creciente en función de tal gravedad (diferenciando entre accidentes con daños materiales, con heridos o con muertos), en el caso del tiempo se tiene en cuenta un valor fijo del mismo por hora, independientemente del ahorro unitario o relativo por beneficiario.

Pongamos un sencillo ejemplo llevado al absurdo. Consideramos un valor del tiempo igual a 10 euros por hora. Siguiendo la práctica habitual de análisis, tendría un resultado similar por este concepto una infraestructura en la que un millón de usuarios anuales ahorraran una hora en cada uno de sus desplazamientos, que una infraestructura en la que el número de beneficiarios fuera de 60 millones anuales, con un ahorro unitario de un minuto por trayecto. En ambos casos, la cantidad de tiempo ahorrado entre todos los usuarios es de un millón de horas anuales, siendo el valor económico del potencial ahorro de tiempo de diez millones de euros anuales.

Aparentemente, el beneficio total anual es similar en ambos casos, pero ¿qué infraestructura tendría más sentido?, ¿la que permite ahorrar una hora a cada usuario o la que le permite ahorrar un minuto? Lógicamente, el análisis de coste y beneficio no es tan simplista y ambas situaciones tienen efectos diferentes en otros pasos del análisis: capacidad o nivel de oferta, inversiones y gastos de operación y mantenimiento, etcétera, lo que llevará a resultados diferentes. Pero, incluso en el capítulo de ahorro de tiempo, deberían generarse diferencias aplicando valor del tiempo crecientes de manera escalonada para diferentes tramos de tiempo.

De esta manera, podría aumentar el rigor de los análisis y mitigar así el riesgo de tantas infraestructuras fallidas. En conclusión, el orden de los factores sí altera el producto.

Ignacio Aracil es socio director de ARGON Consultores.