Editorial

La economía coge más velocidad

El producto interior bruto aceleró su ritmo de avance en el cuarto trimestre de 2014, hasta el 0,7%, impulsado por el consumo interno, que ha vuelto a tasas positivas después de seis años de contracción severa. Tomando el año natural, 2014 es también el primer ejercicio de crecimiento desde 2007, desde que arrancó la crisis, y marca un perfil de sostenida aceleración en los seis últimos trimestres, en los que la creación de empleo ha respondido también con un desempeño notable (420.000 nuevos empleos). El ritmo de avance de la producción cerró el año a tasas del 2% (cuarto trimestre sobre cuarto trimestre), y aplicando el multiplicador natural usado por los estadounidenses, consistente en multiplicar por cuatro, la velocidad de la economía estaría ahora en el 2,8%. Seguramente en el año avanzará a una tasa a medio camino entre ambas cifras si se consolidan las inyecciones de renta disponible en los hogares y empresas, cuales son la rebaja de los carburantes, la pequeña reducción de los impuestos y la persistente contracción del coste de financiación.

La demanda interna ha tomado el relevo definitivo del sector exterior en la movilización de la economía, aunque por el momento sigue únicamente sustentada por el consumo, con ausencia de la inversión, con la excepción del equipamiento de las empresas, que se ha mostrado muy activo durante los últimos trimestres. El crecimiento necesita más equilibrio para ser más duradero y más abultado, condiciones ambas que precisa España para poder desatar la variable del empleo, que ha sido la más castigada durante la crisis y que afecta directamente a las personas. El empleo, además, se puede convertir en un motor adicional del propio crecimiento, puesto que incorpora a la demanda nuevas rentas estables que neutralizan el efecto pesimista que sus perceptores tenían antes sobre la evolución de su economía particular y sobre la general.

El componente inversión se mueve muy lentamente y sigue precisando de una movilización de la financiación hasta ahora retraída. La banca ha hecho un extremo ejercicio de capitalización, que hace más sostenible la concesión de más crédito. Pero a su vez, el crédito debe moverse para renovar la cartera de activos de los bancos, poder recomponer la cuenta de resultados y a la vez poder ofrecer rentabilidad aceptable al capital adicional.

Mientras el crecimiento está tomando velocidad, su deflactor de la producción, al igual que el del consumo, ha entrado en tasas negativas. Por el momento, el perfil negativo del deflactor del producto está anclado en la energía, pues el aplicado al resto de bienes está en tasas positivas. Pero es evidente que lo que aporta en materia de renta a los consumidores lo resta en deflactor del PIB, deteriorando el PIB nominal y la ratio de deuda pública en una economía que acerca tal pasivo al 100% de la producción.