Tribuna

Cambio de marcha

Sin romper para nada el cuidadoso silencio que le han tributado los medios de comunicación convencionales –prensa escrita, emisoras de radio y canales de televisión–, falta saber si como resultado espontáneo de la armonía preestablecida de Leibnitz o de las presiones monclovitas, pero con impacto sobresaliente en las redes sociales y en los bares de barrio, se ha venido preparando una marcha del cambio a celebrar este sábado, día 31, a mediodía en Madrid, que irá de Cibeles a la Puerta del Sol. Las previsiones de asistencia varían pero la superficie elegida garantiza por anticipado el éxito porque su limitada capacidad es seguro que habrá de verse desbordada. No se sabe de manifestación alguna con final en la Puerta del Sol que no haya registrado éxito, si se exceptúan las convocadas en las últimas ediciones del Primero de Mayo por las centrales sindicales y la de UPyD.

Además, es de todo punto exagerado llamar marcha a un desplazamiento a pie que apenas supone un recorrido de 900 metros para culminar en el kilómetro cero de todas las carreteras radiales españolas, conforme a la inscripción que figura delante de la antigua Real Casa de Correos, hoy sede de la presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid. Hasta ahora, por marcha entendíamos recorridos mayores como los cumplidos por los mineros, los metalúrgicos, los olivareros altivos sin olivos en el registro de la propiedad, los profesionales de la sanidad o los empleados de alguna multinacional cuando se encaminan desde poblaciones que distan de Madrid cientos de kilómetros. Esta marcha es, por tanto, una miniatura sin riesgos de desistimientos. Solo se entiende como un tributo a la nostalgia del 15-M de 2011 y sus resistentes acampadas en el mismo lugar, sin más rastro de ellas que la suciedad contra la que debieron emplearse a fondo los servicios de limpieza municipales.

El trayecto discurre en una suave pendiente, cuya altura máxima se alcanza en el cruce con la calle de Sevilla y de Peligros para cambiar de signo y descender hasta Sol. Esta orografía permite el lucimiento de los cámaras y los fotógrafos a los que facilita la obtención de planos e instantáneas que habrán de confortar a los organizadores. Pero la inversión de la pendiente de ascenso y descenso va acompañada de una constante: el estrechamiento progresivo de aceras y calzadas que hacen efecto de embudo hasta la desembocadura en Sol, de donde solo pueden evacuar los componentes de la marcha después de haber recibido el don de la palabra reconfortante por unas calles afluentes caracterizadas por la estrechez.

A los organizadores corresponderá disponer un servicio de orden disciplinado y contundente que reaccione con instantaneidad para atajar cualquier atisbo de provocación, que pudieran intentar reventadores de cualquier signo, y haga innecesaria la intervención de las unidades policiales. En ese despliegue de efectivos propios es donde Podemos se la juega, como se la jugaron y ganaron los del Partido Comunista de Carrillo cuando el asesinato de los abogados de Atocha.

No hay un lema único ni una consigna unificadora. La guía de la convocatoria tiene el tono de las que se hicieron cuando la jornada de la juventud con Juan Pablo II o Benedicto XVI. Para un mundo mejor. En este caso, los mensajes clave serán: echar a la pequeña casta que gobierna; el cambio es posible para recuperar las instituciones; es tiempo de protagonismo ciudadano; en 2015 vamos a recuperar el país para su gente; ahora juntos podemos; quisieron enterrarnos, pero somos una semilla. Veremos si Podemos sale mejorado de esta marcha o si se le escapa de las manos. Recordemos en todo caso las movilizaciones de las diadas catalanas que luego no subieron al marcador de las elecciones ni a las urnas de cartón de la independencia. Continuará.

Miguel Ángel Aguilar es periodista.