Editorial

El mejor motor para la exportación

La fabricación de automóviles en España ha superado con creces la crisis económica, y se ha convertido en uno de los más poderosos motores de las exportaciones que ha contribuido, junto con el turismo, a recuperar el superávit por cuenta corriente y equilibrar la cuenta comercial. La industria automovilística cerrará este año con una producción ligeramente superior a los 2,4 millones de vehículos, que llegará a los 2,6 millones en 2015, de los que más de la mitad se venderán fuera del país. Este ejercicio que culmina ahora la venta de coches en el exterior se acercará a los 30.000 millones de euros, con una importación inferior a la mitad de esa cantidad, lo que arrojará un saldo superavitario de más de 16.000 millones de euros. Esta cantidad es diez veces superior al saldo comercial de hace diez años, antes incluso de la crisis.

Pero este exponencial crecimiento de las ventas exteriores y del saldo explican en su justa medida al avance de esta industria manufacturera durante la crisis, con una ganancia muy significativa de cuota de mercado en los mercados europeos, donde quince de cada cien coches que se importan proceden de las cadenas de montaje españolas. A ello han contribuido la renovada apuesta de las marcas por unas factorías altamente tecnificadas, una mano de obra muy cualificada, unos mecanismos logísticos resolutivos pese a la situación penincular de España, y, sobre todo, a una adaptación de las relaciones industriales y laborales muy rápida. La primera industria que adaptó las condiciones salariales y de jornada, con vertiginosa flexibilidad cuando llegó la crisis, fue la automovilística, que no ha dejado de captar nuevos modelos para sus factorías a medida que países más resistentes a hacerlo, los perdían. En 2014 la inversión ha sido de 2.000 millones y se han creado 20.000 nuevos empleos, superando la barrera de los 90.000.

España ha logrado competir con un excelente balance final con los países industriales emergentes, que ofrecían costes laborales mucho más atractivos para las empresas; la industria del automóvil, y la de los componentes, que venden sus productos en 120 países, fue la que abrió el camino de la flexibilidad y adaptabilidad laboral antes de que la reforma laboral la impusiese en el sistema productivo.

Pero el gran salto de producción y venta no ha llegado, porque el mercado interno sigue preso de una situación de la demanda aún complicada, pese a la recuperación de este último ejercicio con los incentivos de Industria. 2015 puede ser el año en el que se vendan de nuevo en España un millón de coches, lejos todavía de 1,5 millones que se vendían antes de la crisis. Mientras las ventas se siguen acoplando lentamente al avance de la demanda, la industria no puede perder de vista que, pese a la importancia del mercado español, el objetivo sigue siendo colocar de manera creciente coches en el mercado exterior.