Editorial

El compromiso de Mariano Rajoy

2015 será el año del despegue definitivo de la economía española”. Este fue el compromiso adquirido por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el viernes, en su tradicional rueda de prensa de balance anual tras el último Consejo de Ministros del año. Rajoy profundizaba así en el mensaje de confianza en la recuperación que ha venido repitiendo en sus intervenciones públicas más recientes y dejaba ver de manera evidente cuál será el eje central de la apuesta electoral de su partido en el intenso año político que se avecina tras las campanadas del próximo 31 de diciembre.

Es evidente que, tal y como recalcó el presidente del Ejecutivo, la situación económica que se vive en la actualidad no tiene nada que ver con la que existía cuando aterrizó en La Moncloa. En estos tres años, se ha pasado de bordear el abismo de la intervención a dar los primeros pasos decididos por la senda de la mejoría económica. España está creciendo ya a un ritmo próximo al 2% anual, con la inflación bajo mínimos y un sector exterior fortalecido y mejorando puestos a escala mundial. “Este es el primer año que crecemos desde que empezó la crisis”, resumió.

Sin embargo, el gran nubarrón en el horizonte continúa siendo el paro, pese a la evolución positiva que ha experimentado a lo largo de este ejercicio. “España crea más empleo que nuestros socios europeos. Sé que a algunos les cuesta creerlo, pero esta es la realidad (...) En el segundo y tercer trimestre se han creado 550.000 empleos en términos de la EPA y la Seguridad Social ha visto incrementado en 338.000 el número de personas afiliadas, con un crecimiento de un 2% en los últimos 12 meses”, argumentó Mariano Rajoy, mientras desde la oposición, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, le recordaba lo insoportable de las cifras de desempleo y le instaba a no usar en vano la palabra recuperación.

Reformas y estabilidad fueron otras dos de las ideas clave manejadas por el presidente del Gobierno en su intervención de balance de fin de año. Rajoy puso en valor el esfuerzo realizado por el conjunto de la sociedad por los ajustes asumidos, así como la efectividad de las reformas acometidas. Unas reformas que se comprometió a no abandonar. Un mensaje importante, porque la tentación de levantar el pie del acelerador reformista en época electoral es grande. De hecho, una de las medidas aprobadas precisamente en el último Consejo de Ministros del año –la condonación de los intereses de la deuda a las comunidades autónomas– ha generado polémica y desatado el temor al oportunismo electoralista. Sea como fuere, resulta imprescindible seguir con las reformas para que la mejora que apuntan las variables del mercado internacional puedan provocar que 2015 pase de ser un “año bueno” a un año “muy bueno”, parafraseando al presidente. El nivel del euro y el desplome del precio del petróleo son esos dos factores que pueden ayudar desde el exterior al ansiado “despegue” de la economía española.

La consecución de la estabilidad también centra objetivos y preocupaciones del presidente del Gobierno. Considera que su mantenimiento es vital para la consolidación de la recuperación económica. Pero no solo para eso. De ahí que hiciera una cerrada defensa de un esquema político con un par de grandes partidos fuertes. Por ello, aludió a los ejemplos de EEUU o Alemania, en una velada crítica a formaciones como Podemos. “Cuando deja de pasar [la alternancia basada en dos grandes partidos], surgen otras cosas que provocan inestabilidad, falta de progreso, retroceso y pérdida de bienestar. Entenderá que yo quiera para mi país siempre lo mejor”, sentenció.

La comparecencia de Mariano Rajoy supone, de facto, el banderazo de salida de lo que, sin lugar a dudas, será el año electoral más intenso en mucho tiempo. El nivel de crédito ciudadano que haya logrado conservar el Partido Popular, el alcance de la renovación del PSOE, la irrupción del fenómeno Podemos o cómo evoluciona la situación política en Cataluña van a polarizar el interés y la actualidad en los próximos meses. Pero ante tanto previsible ruido de fondo, el Gobierno, empezando por su presidente, tiene una obligación y un compromiso: provocar y vigilar que 2015 sea realmente el año del despegue definitivo de la economía española.