Editorial

Abrazo histórico de EEUU y Cuba

La orden dada por Barack Obama para el inicio inmediato del diálogo con Cuba y restablecer las relaciones diplomáticas entre Washington y la Habana, rotas desde 1961, es la demostración de que hasta un pato cojo –como se conoce a los presidentes de EE UU que ya no pueden optar a la reelección– puede hacer política de gran altura si se lo propone. Aunque su primera promesa al llegar a la Casa Blanca fue el cierre de la cárcel de Guantánamo –en el sudeste de Cuba–, por cuyo incumplimiento ha sido duramente criticado, Obama puede pasar a la historia con letras de oro si deshace definitivamente el tenso nudo geoestratégico con la Perla del Caribe. Y más si lo logra negociando con Raúl Castro “tras 56 años de revolución”, y aún en vida de Fidel. Las presiones en contra a que se verá sometido serán enormes, especialmente interiores, pero el apoyo internacional a favor, encabezado por el Papa, serán gigantes, siempre que no sea un abrazo de oso. Un puntal primordial en esos apoyos va a ser España, por razones históricas, culturales, sociológicas, familiares, sentimentales e incluso humanitarias, dada la situación de la isla. Pero España, primer inversor occidental en Cuba incluso durante el embargo, debe jugar un papel fundamental en esta nueva era cubana. Una enorme oportunidad para las empresas que es a la vez una obligación para modernizar aquel país, tan querido aquí.