Ubicada al este de São Paulo, es el refugio ideal de buceadores y aficionados a la pesca

Paraíso natural de la costa paulista

Ilhabela, refugio de corsarios y piratas en los siglos XVI y XVII, es la isla marítima más grande de Brasil

Ilhabela (Brasil)
Paraíso natural de la costa paulista

El litoral norte del estado de São Paulo es un destino turístico muy frecuentado de Brasil; sus islas y playas ofrecen paradisiacas postales para tomarse unas vacaciones colmadas de sol, arena y mar. Ilhabela es un punto turístico por excelencia. Alejada de la civilización, es la isla marítima más grande de todo Brasil.

La mejor forma de viajar hasta allí es recorriendo los 210 kilómetros que la separan del este de la capital. Se trata de un archipiélago formado por una isla grande llamada São Sebastião, donde se encuentra la localidad de Ilhabela y otras de menor dimensión: Ilha dos Búzios, Pescadores, Vitória, Cabras, Castelhanos, Enchovas, Figueira, Lagoa y Serraria.

El canal de São Sebastião la separa del continente y su acceso se hace exclusivamente vía ferry durante un tiempo aproximado de 15 minutos, sin cargo si se cruza a pie o en bicicleta, o desembolsando un simbólico peaje si decidimos llevar el coche con nosotros.

Una vez allí, el viajero se encuentra con una oferta de más de 40 playas, grandes extensiones abiertas al mar, pequeñas bahías y arenas de todos los colores y texturas. Asimismo, más de 400 corrientes de agua forman una red fluvial que atraviesa la isla de São Sebastião creando cascadas que aportan una belleza muy singular.

llhabela tiene dos áreas claramente diferenciadas: la zona oeste, que es la que se enfrenta al continente y donde se localizan las urbanizaciones y playas más concurridas. Y la zona este, frente al océano Atlántico, donde se puede disfrutar de mar abierto y playas tranquilas, un paraíso que ha sido protegido desde que se convirtiera en Parque Natural en 1977, una inmensa reserva de flora y fauna.

Además, la isla cuenta con un centro histórico muy pintoresco que recibe el nombre de Vila y cuya arteria principal, Rua do Meio, acapara la mayoría de los negocios y la infraestructura turística del lugar.

La iglesia de Nuestra Señora de la Ayuda, próxima al museo náutico.
La iglesia de Nuestra Señora de la Ayuda, próxima al museo náutico.

La Playa Itaguassu, con sus amarres para veleros, bares y restaurantes, es una de las más concurridas. De noche no es la única que atrae un gran flujo de gente porque, junto con Playa Pereque, concentra la movida nocturna del centro. En cambio, en Saco da Capela conviven las familias, los que llegan a practicar algún deporte náutico y también los que no se resisten a la pesca.

Mención especial merece Bonete, un antiguo pueblo de pescadores que parece detenido en el tiempo; sus playas son las preferidas de los surfistas y de los amantes de la naturaleza. Además de disfrutar de la calidez del mar, muchos eligen visitar la Cascada de Lage, con sus toboganes y piscinas naturales a las que se accede después de una prolongada caminata.

En Playa Saco do Sombrio otras historias surgen del mar de aguas transparentes, y es que se cuenta que este lugar fue refugio de corsarios y piratas durante los siglos XVI y XVII.

Al norte también se puede disfrutar de playas mucho más tranquilas, donde la paz reina con la caída del sol. Casi desierta está la Playa Jabaquara, cercada por dos arroyos, uno en cada extremo; también la Playa da Fome o la Playa do Poco, más pedregosa y desértica. A todas se accede caminando o en barco.

Ilhabela disfruta de un clima templado y seco prácticamente todo el año, ya que las épocas de lluvias están comprendidas de septiembre a diciembre. Estas temperaturas tropicales invitan a pasar los días bajo el sol, pero también a adentrarse en la isla, conocer la famosa Cascada del Gato o emprender caminatas por los altos cerros como el São Sebastião, el Papagaio o el Baepi.

Además, Ilhabela es un paraíso para los amantes del ecoturismo; la zona permite practicar un sinfín de actividades de aventura, como arborismo, tirolina, escalada, ciclismo o rappel (descenso rápido a través de superficies verticales).

Muchos de los recorridos conviene realizarlos con guías y, por supuesto, no debe olvidarse el repelente contra insectos. En Ilhabela, los borrachudos, unos mosquitos muy particulares, pueden llegar a hacernos la estancia muy complicada.

Guía para el viajero

Exteriores del DPNY Beach Hotel.
Exteriores del DPNY Beach Hotel.

Cómo ir. Desde São Paulo hay tres opciones para llegar hasta São Sebastião: en vehículo alquilado, autobús o transfer contratado. Desde allí se cruza a Ilhabela en un transbordador de Dersa, que es la empresa pública responsable del servicio de la balsa y que funciona las 24 horas del día. Los precios del traslado varían dependiendo del tamaño del vehículo.

Dónde dormir. Recomendado y premiado por las principales referencias del turismo mundial, el DPNY Beach Hotel está considerado el mejor de la isla. Situado en la misma Playa Corral, combina instalaciones de lujo, spa, alta gastronomía, club privado y navegación en barco, en un entorno paradisiaco a pie de arena.

Gastronomía. El festival del camarón es una buena excusa para los amantes de la cocina. A lo largo de dos semanas, entre los meses de agosto y septiembre, los restaurantes de la villa ofrecen multitud de recetas con mariscos. Además, durante los fines de semana se monta un espacio gastronómico con espectáculos en vivo.

Actividades. La Rolex Ilhabella Salling Week, también conocida como la semana de la vela de Ilhabela, atrae a más de 200 barcos y cerca de 1.500 navegantes profesionales de toda América Latina. Este evento se realiza durante el mes de julio y coincide con la última etapa del Campeonato Suramericano de Vela.

Leyendas. Durante muchos años a Ilhabela se la conoció como “el triángulo de las Bermudas de Suramérica” por su campo magnético, que propiciaba gran cantidad de naufragios cerca de sus costas. Lo cierto es que estas embarcaciones de todas las épocas son hoy el refugio ideal de los buceadores y aficionados a la pesca.