Mandado por construir por este gran almirante en 1583

El 'hamam' del corsario amigo de Cervantes

Kiliç Ali Pasha traslada al cliente a la tradición de un baño de cinco siglos

Una opción de lujo en Estambul lejos de los históricos (y atestados) de Sultanamet

Lounge del baño turco.
Lounge del baño turco.

En la orilla del Bósforo, entre el puente de Gálata y el Museo de Arte Moderno, una vieja mezquita atrae los ojos del viajero. Estamos en el barrio de Tophane, donde los antiguos edificios se han convertido en hoteles-boutique. Los estambulitas fuman sus naguire (pipas) junto al templo, ajenos a su historia de casi cinco siglos. A su lado, un pequeño edificio anexo esconde un tesoro en su interior.

Se trata del Kiliç Ali Pasha Hamami, un baño turco mandado construir por un corsario con una historia sin igual. Giovanni Dionigi Galeni nació en Calabria en el siglo XVI. Apresado por piratas bereberes, se convirtió al islam, cambió su nombre a Kiliç Ali y vivió como un marino de éxito. Sus eternas luchas con los cristianos por dominar el Mare Nostrum son legendarias. Conquistó Túnez, fue gobernador de Argel y el sultán Suleimán le nombró gran almirante. Como tal, participó en la Batalla de Lepanto. Conoció a Miguel de Cervantes en su presidio argelino y se hicieron amigos. El escritor le plasmó en el personaje Uchalí, del que contó sus lances en El Quijote. En su retiro en la anciana Constantinopla ordenó construir la mezquita y el hamam.

Al entrar, el viejo cascarón de 1583 da paso a un interior de lujo y rehabilitado en 2012, después de décadas de olvido. El visitante es obsequiado con un zumo de frutas en un cálido ambiente, bajo la segunda cúpula más grande de un hamam en la capital turca. Suelos de mármol, una fuente central y elegantes zonas de relax en madera con cojines y colchonetas para después del baño. El silencio es sepulcral, lejos del bullicio turístico. Un atento servicio está pendiente de los detalles previos al ritual, un viaje a tradiciones pasadas y sin prisas.

Zona de baños
Zona de baños

Únicamente con una toalla como vestimenta, se cruza a la espectacular zona hexagonal del baño, de mármol blanco, con cúpula horadada por tragaluces. El tellak (la persona que da el baño), como primer paso, sienta al cliente junto a una fuente y con una vasija le baña para acostumbrar el cuerpo al calor. De ahí pasa a tumbarse en una piedra caliente, hasta que llegue el ritual propiamente dicho.

Las manos expertas del tellak proceden al contundente baño, fuerte exfoliación con esponja y ducha de espuma. Después de una suave envoltura con toallas, se vuelve a la sala inicial donde recuperar el ritmo, descansando en un sofá. El precio es de 130 liras (47 euros). Si se desea se puede disfrutar de un masaje adicional. Por la mañana, el hamam está habilitado para mujeres y por la tarde para varones. Una opción de lujo lejos de los históricos (y atestados) de Sultanamet.