Miguel Ferre

El cerebro de la reforma fiscal

El secretario de Estado de Hacienda es uno de los expertos tributarios más reconocidos por su trabajo tanto en el sector público como en el privado

Caricatura de Miguel Ferre, secretario de Estado de Hacienda.
Caricatura de Miguel Ferre, secretario de Estado de Hacienda.

Se ha hecho esperar, pero finalmente la aprobación de la reforma fiscal ha llegado. Era una de las medidas del Gobierno que más expectación despertaba desde el comienzo de la legislatura y ha merecido la atención mediática durante todo su proceso de elaboración. Su andadura comenzó con una consulta a un grupo de expertos que emitía su informe en marzo y ha terminado esta semana con el paso definitivo por el Congreso de las principales normas que la componen. Un proceso con varias fases en las que el secretario de Estado de Hacienda, Miguel Ferre (Madrid, 1965), ha sido uno de los principales encargados de moldear la obra final.

Aunque prácticamente toda su carrera se había desarrollado en el servicio público, este inspector de finanzas del Estado, experto en derecho financiero y tributario, tenía puestos todos sus conocimientos al servicio de la firma PwC cuando se empezó a configurar el equipo que se haría cargo del Ministerio de Hacienda con la llegada al poder del Partido Popular a finales de 2011. Entonces, se produjo la vuelta de Ferre a la que podría considerarse su casa.

Y es que allí comenzó su carrera profesional tras aprobar la oposición en 1991. Unos años después ocupó su primer cargo de relevancia –al que seguirían muchos otros– como subdirector general de Estadística y Planificación en el Departamento de Aduanas e Impuestos Especiales, que desempeñó durante cuatro años.

Su perfil técnico y su dedicación fueron haciéndole merecedor de más responsabilidades, pero existe una en su carrera que marca Miguel Ferre un antes y un después, tanto en lo profesional como en lo personal: sus seis años como consejero de Hacienda de la Representación Permanente de España ante la Unión Europea.

Esto supuso su traslado a Bruselas, una ciudad en la que la casualidad quiso que coincidiera con el actual ministro Cristóbal Montoro cuando éste era eurodiputado. El hoy secretario de Estado sigue manteniendo muchos contactos de esa etapa, de la que guarda un recuerdo muy especial. A esta le siguió su nombramiento en comités relacionados en asuntos fiscales en organismos como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y las Naciones Unidas. Gracias a ello, mejoró su dominio del inglés, se inició en el del francés y se acrecentó especialmente su interés por el ámbito internacional que sigue manteniendo actualmente, sobre todo en su especialidad.

Atento siempre a todo lo que tiene que ver con el ámbito tributario tanto europeo como internacional en general, (apuntan en su entorno que se interesa mucho por los convenios de intercambio de información tributaria entre diferentes países) Ferre ha pasado, sin embargo, los últimos años centrado en el ámbito nacional. A su nombramiento como secretario de Estado le siguieron dos años duros en el Ministerio de Hacienda en los que se aprobaron varios decretos fiscales que ocuparon gran parte del tiempo del secretario de Estado. Fueron solo el preludio del siguiente encargo, ese que le ha llevado tantas horas de trabajo en estos últimos dos años y que ha recibido la aprobación final esta semana.

Tal vez el haber concluido el grueso de la reforma fiscal, permita ahora a Miguel Ferre dedicarse más a sus aficiones, entre las que destaca el deporte. Es más de practicarlo que de seguirlo por los medios y por eso, además de sus paseos y caminatas para mantenerse en forma, intenta siempre que puede sacar un hueco para jugar un partido de tenis.

Ejerció durante seis años como consejero de Hacienda de la Representación Permanente de España ante la UE

Amante de la lectura, Ferre también disfruta sumergiéndose en libros de Historia. Dentro de esta, dicen que le gusta especialmente el género del ensayo y, sobre todo, los textos relacionados con la época de la Transición española. Otra de sus pasiones es el cine, en especial el de autor europeo. Casado y padre de tres hijos, a Miguel Ferre también le gusta cuidar su imagen y lo más habitual es verlo perfectamente enfundado en uno de sus siempre impecables trajes acompañados de elegantes corbatas.

Pese a su apariencia seria, tal vez por la rigurosidad técnica con la que suele trabajar en el día a día, cuentan en su entorno que es un hombre de trato afable, divertido y cercano. Gracias a ello y a sus explicaciones, siempre pausadas, el secretario de Estado se ha convertido en un ponente habitual en jornadas tanto profesionales como académicas. Y casi siempre sin papeles, lo que da muestra del control de los asuntos que aborda. Además, también ha tenido que echar mano de esta habilidad suya en los últimos tiempos para enfrentarse a las múltiples entrevistas que ha concedido durante la preparación de la reforma fiscal.

Pero parece que, pese a todo lo que ha logrado transmitir este profesional tendrá que seguir esforzándose si quiere ganar una batalla algo peculiar. Y es que el apellido de este madrileño de pura cepa sigue viendo transformado continuamente en otros de origen catalán: unas veces en Ferré y otras en Ferrer.

Anécdotas al margen, la aprobación esta semana de los proyectos de ley que modifican el IRPF, el impuesto sobre sociedades y el IVA constituye solo otro punto y aparte más en la trayectoria de Miguel Ferre en el Ministerio de Hacienda.