Endesa, Enel y la lógica económica

14.000 millones de euros de dividendo para una empresa que ahora vale en Bolsa 16.000. Nunca en la Bolsa española se había asistido a un reparto de efectivo de tal calado, hasta que llegó Enel. La italiana, tras quedarse con Endesa allá por 2009 (y después del vodevil a varias bandas vivido en 2007) decidió este año quedarse con la totalidad de los activos en América Latina de Endesa, repartir vía dividendo el dinero ingresado y, después abonar otro dividendo millonario, éste con cargo a deuda.

Este año la empresa matriz ha decidido recolocar piezas, es decir, quedarse directamente con el negocio en América Latina: en lugar de tenerlo indirectamente, vía Endesa, es ya directamente de Enel. La italiana pagó por estos activos 8.253 millones, que a su vez distribuye como dividendo extraordinario. Se queda, lógicamente, con el 92% de estos 8.253 millones: los 100.000 accionistas minoritarios reciben 660 millones de euros.

Es una operación intragrupo, pero eso no quiere decir que se pueda hacer de cualquier manera: Al tratarse de activos que ya fueron reorganizados a principios de este año (mediante la ampliación de capital de Enersis) y muchos de los cuales cotizan en Bolsa, el precio está relativamente acotado. Endesa ha comunicado que tendrá beneficios extraordinarios de 1.600 millones derivados de la operación.

Todo entra dentro de una lógica empresarial. Una lógica que puede gustar más o menos, pero lógica al fin y al cabo: lo que hace Enel con sus activos es lo que pueden hacer, y hacen llegado el caso, las multinacionales que operan en otros países a través de filiales. Especialmente cuando tienen porcentajes de capital tan elevados. ¿Vaciamiento de Endesa? No en realidad. Simple reorganización de activos dentro de las filiales

Luego está el otro dividendo. 6.352 millones que Endesa ha repartido a sus accionistas sin que se hayan dado circunstancias extraordinarias, más allá del hecho de que Endesa ha quedado, a resultas del traspaso de activos, con poca deuda. Así que Enel presta dinero a Endesa y Endesa paga este dinero a Enel como dividendo, a Enel (92%) y al resto de inversores (8%). La operación concluye con la colocación en Bolsa parte de Endesa, que dará más liquidez al valor.

La jugada es compleja, pero tiene su lógica: la italiana tendrá más efectivo y menos deuda, hecho que unido a la futura dilución de su participación vía OPV (menos deuda a consolidar) abre la puerta a una mejora de rating. Desde el punto de vista español, poco cambia: pagaremos por la luz lo que nos toque, solo que el accionista de control de Endesa recibirá intereses en lugar de obtener, vía indirecta, mayores beneficios.

La expectativa de estos dividendos ha servido para animar el valor en los últimos meses. Sube un 83% sobre los mínimos de junio del año pasado (el Ibex solo un 38%), lo que vendrá de perlas cuando toque colocar en Bolsa un porcentaje de capital.

Las decisiones tomadas por Enel respecto a Endesa entran puramente en la lógica empresarial aplicada por las empresas que operan en varios países (sirva como ejemplo cómo Santander tira de la filial brasileña cuando hace falta). La diferencia es que, esta vez, la filial es española. Pero el juego es así.

A Enel no le ha salido “gratis” su inversión en España (pagó unos 44.000 millones y va a ingresar unos 12.000 por dividendos) y las decisiones de este año son movimientos de piezas dentro del mismo entramado societario. De hecho, para mí, no es tanto problema la estructura del grupo o su sede social, que a fin de cuentas me afecta más bien poco al bolsillo, sino el mercado eléctrico, donde la competencia es tirando a escasa.

Pero, en fin, hablar de competencia, regulación e incentivos ya tenemos a Tirole.

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