En busca del modelo de organización

Hacia dónde debe caminar la CEOE

El presidente de la CEOE, Juan Rosell, durante la entrega de los premios de la la Confederación de Empresarios de Castilla-La Mancha (Cecam).
El presidente de la CEOE, Juan Rosell, durante la entrega de los premios de la la Confederación de Empresarios de Castilla-La Mancha (Cecam).

La sombra de José María Cuevas es alargada. Desde que dejó la presidencia de la patronal CEOE en 2007 –tras 23 años en el cargo– los empresarios españoles aún no han encontrado un líder que les represente como él. Ni han consolidado un modelo de organización útil para la mayoría de sus asociados.

Cuevas se equivocó al aupar a Gerardo Díaz Ferrán como su sucesor en la presidencia de CEOE. Así lo reconoció él mismo poco antes de fallecer en 2007, pero ya era tarde. Díaz Ferrán –hoy en prisión por delitos económicos– sumió a la CEOE en sus años más oscuros. Hirió una institución que había permanecido bastante inmaculada en cuanto a su reputación social.

Cuevas quería que su sucesor transformara la patronal en una organización, más pegada a la realidad de la empresa, que fuera de utilidad a las compañías y, a la vez, mantuviera su peso institucional como lobby empresarial. Por eso, eligió a Díaz Ferrán, un empresario y no un gestor empresarial, como fue él mismo.

Sin embargo, nada salió como se esperaba; y tras Díaz Ferrán, llegó el actual presidente, Juan Rosell, que aterrizó en Diego de León, 50 (sede madrileña de la patronal) desde Cataluña, algo que parecía impensable en una organización fuertemente dirigida desde Madrid.

Además, la CEOE no solo pasaba a tener un presidente catalán sino que, además, este lo llegaba a ser gracias al apoyo del líder de la patronal madrileña, Arturo Fernández, que hace cuatro años consiguió que los vocales de su organización dieran mayoritariamente su voto a Rosell. A cambio, el presidente de CEOE hizo a Fernández vicepresidente primero y durante los últimos cuatro años han colaborado estrechamente, según reconocen fuentes cercanas a ambos.

Con Rosell, la patronal volvía al modelo de Cuevas de tener un presidente gestor en lugar del líder empresario que había sido Díaz Ferrán con tan malos resultados. Rosell devolvía también la buena imagen a la CEOE al no haberse visto salpicado por ningún escándalo. Pero, tras cuatro años, su gestión despierta críticas en el seno patronal. Durante la presidencia de Díaz Ferrán, CEOE buscó acercarse más a la gran empresa y reconvertirse en un lobby empresarial que prestara servicios a sus asociados.

Rosell compartió este proyecto desde el principio. Pero las grandes compañías estaban descontentas con cómo CEOE afrontaba esta reconversión, porque, en realidad, el papel de lobby y los servicios técnicos a las empresas que ofrecía la patronal ya los tenían ellas.

De ahí, que Rosell ni siquiera tuviera tiempo de poner en marcha su propio proyecto, ya que las grandes empresas sorprendieron en febrero de 2011, apenas dos meses después de la llegada de Rosell, asociándose entre ellas en el Consejo Empresarial para la Competitividad. Esta organización, donde están la quincena de empresas más importantes de España y el Instituto de la Empresa Familar, ejerce desde entonces dicho papel de lobby empresarial por excelencia con el Gobierno, habiendo dejado a CEOE algo arrinconada en esta tarea.

Como alternativa, Rosell podía haber centrado todos sus esfuerzos en convertir a la patronal en una asociación que ofreciera servicios a las empresas, tal y como hacen las Cámaras de Comercio. Pero, muchos de los asociados a CEOE reprochan que esta labor tampoco se ha conseguido y sigue en manos de las Cámaras.

Junto a esto, la crisis económica arrasó a la patronal de Rosell, lo que también le ha impedido obtener frutos en su labor como buen negociador en el diálogo social. Por ejemplo, la reforma laboral aparece siempre como logro exclusivo del Gobierno. Así, CEOE ha dejado diluir, como lo han hecho los sindicatos, su papel de actor activo en la legislación laboral y económica de España.
En este escenario, han surgido una serie de organizaciones críticas con la gestión de Rosell que le reprochan, junto a la pérdida de peso institucional de CEOE, que no haya sabido reconvertir la organización hacia una patronal útil en la prestación de servicios.

A esto se le unen los últimos escándalos que han perjudicado a varios miembros de su cúpula como el fraude en los cursos de formación de la patronal madrileña (CEIM) o el uso por parte de su presidente, Arturo Fernández, de una de las tarjetas B de Bankia. Además, El País dio ayer a conocer nuevas supuestas irregularidades cometidas por el presidente de Cepyme, Jesús Terciado, lo que podría dividir a la organización con más votos en las próximas elecciones de CEOE.
Elecciones a la vista

Dichos comicios se convierten, más que en un acto para elegir al próximo líder patronal, en un plebiscito donde los representantes empresariales se juegan el modelo de patronal que quieren. A menos de dos meses de su celebración, el 17 de diciembre, aún hay muchas incógnitas. La principal, quiénes liderarán estos proyectos. Importantes organizaciones como el metal, la construcción, la distribución, la hostelería o las territoriales de Andalucía, Valencia, País Vasco o una parte de Galicia dicen que ultiman una candidatura alternativa a Rosell. No quieren que sea “personalista” y prefieren hablar de un proyecto antes que de un candidato. Pero a nadie se le escapa que su éxito dependerá mucho de quién encare este liderazgo. Rosell, por su parte, también está recolectando apoyo de forma discreta y busca apoyos en el Consejo Empresarial de la Competitividad. El presidente de CEOE se siente capaz de emprender reformas:las que ya ha esbozado y las que considera necesarias.