Objetivos de eficiencia energética

Europa busca una energía menos verde y no tan cara

El presidente francés, FranÇois Hollande, conversa con la canciller alemana, Angela Merkel
El presidente francés, FranÇois Hollande, conversa con la canciller alemana, Angela Merkel EFE

Si la crisis del ébola no lo impide y la bronca entre Berlín y París sobre la aplicación del Pacto de Estabilidad no se precipita, la cumbre europea de esta semana (23 y 24 de octubre) intentará pactar la nueva política energética de la UE hasta 2030. El acuerdo que se espera alcanzar el viernes marca el final de una apuesta por las energías verdes a cualquier precio. Como símbolo de la nueva etapa, las carteras de Energía y Clima se fusionarán en la próxima Comisión Europea (a partir del 1 de noviembre) y pasarán a estar dirigidas por el comisario Miguel Arias Cañete.

Sobre el papel, la discusión de los Gobiernos europeos girará en torno a objetivos como los de reducción de emisiones de CO2 (40% en 2030 en relación con los niveles de 1990) y de producción de renovables (27% de la demanda). El borrador de conclusiones de la cumbre ya da por buenos esos porcentajes, propuestos por la Comisión Europea a principios de año. Falta por ver qué grado de compromiso asumen las capitales.

Por lo pronto, ya no se fijarán objetivos vinculantes a nivel nacional para el consumo de renovables, lo que permitirá que algunos países, como España, reduzcan el apoyo concedido en los últimos años a esas fuentes de energía. Y menos vinculante aún serán los objetivos de eficiencia energética (30%). La prioridad a partir de ahora será rebajar la creciente factura de la energía en Europa. Entre 2008 y 2012, según la Comisión Europea (informe de marzo de este año), el precio de la luz de los hogares subió una media anual del 4% en la UE y del 10% anual en España. Los precios del gas (vinculados a los del petróleo) se mantuvieron estables. La dependencia del exterior se mantiene en torno al 50% (junio 2014) y cada año Moscú le pasa una factura a la UE por el suministro de gas de 140.000 millones de euros al año.

El torrente de dinero público para subvencionar a las fuentes autóctonas tampoco ha dejado de aumentar a pesar de la crisis. En el conjunto de la UE, según un informe de la Comisión publicado la semana pasada, los subsidios aumentaron de media un 15% entre 2008 y 2012. En España, ¡un 132%!, desde 4.480 millones de euros a 10.430 millones.

En toda Europa, según el mismo informe, la energía solar absorbió 14.730 millones de euros en ayudas en 2012; la eólica, 11.480 millones; la biomasa, 8.340 millones; el carbón, 10.120 millones; la nuclear, 6.960 millones... En total, 99.330 millones en subsidios, más 13.700 millones de euros en derechos de emisiones de CO2 regalados por la UE al sector.

La Unión Europea considera cada vez más insostenible esa factura e intentará rebajarla con el acuerdo que espera alcanzar el viernes. Pero la nueva orientación no tiene el éxito garantizado y podría salir casi tan mal como la anterior, que ha dejado al continente con un mercado energético fragmentado y unos costes energéticos poco competitivos. El riesgo es que el plan falle de nuevo y Europa acabe consumiendo una energía menos verde pero igual de cara.

La perspectiva asusta los países con mayor dependencia energética, como España (77%), o a los que están en pleno proceso de convergencia económica, como Polonia.

El Gobierno de Mariano Rajoy exigirá en la cumbre garantías para acabar con el aislamiento energético de la península Ibérica y reclamará para España una relajación de los compromisos sobre emisiones, renovables y eficiencia mientras no se complete la interconexión con Francia.

Asimismo, el Gobierno polaco también amenaza con vetar los acuerdos de la cumbre si no se le suaviza la senda de reducción de emisiones de CO2 o se le compensa por el impacto que tendrán esos objetivos en su política industria.