A dónde va la CEOE, con Rosell o sin Rosell

La configuración de las relaciones industriales se ha diluido bastante en los últimos años. La patronal tiene que concentrarse en servicios a las empresas en España y fuera, como un lobista eficaz en los círculos de poder, y conservar un papel como aglutinador de los planteamientos empresariales ante gobiernos, sindicatos y sociedad, defendiendo el valor de la libertad de empresa y la necesidad de crear riqueza y emprendimiento: defender, en definitiva, el papel social del empresario.

La presidencia de Joan Rosell en la Confederación Española de Oerganizaciones Empresariales ha pasado con más pena que gloria, aunque hay que admitir que no lo tenía fácil tras el fiasco del expresidente Gerardo Díaz Ferrán, encarcelado por delitos económicos. Salvo la imagen institucional de la presidencia, la pendiente declinante en la que estaba la patronal como factor decisivo en la vida económica no ha cesado.

Como los sindicatos, ha cedido terreno, a veces en paralelo con ellos. Ha sentido la misma sensación de un luchador que se ha quedado sin contrincante. La llegada de la crisis y la falta de respuesta de los agentes económicos para reconducir la situación y contribuir a las soluciones exigentes, ha diluido el papel, la responsabilidad y el prestigio público de las patronales (y de los sindicatos); se han comportado como agentes pasivos, que solo han reaccionado al final con pactos salariales que todas las empresas, grandes y pequeñas, y todas las plantillas, combativas y sumisas, tenían ya asumidos de antemano.

Recortes de empleo, de salarios, de derechos laborales, de iniciativa formativa, etc., se han encadenado sin capacidad de reacción por parte de unos y otros. La Confederación Empresarial, además, se ha visto desbordada por otras iniciativas con mayor poder de prescipción ante el Gobierno o la sociedad, como es el caso del Consejo Empresarial de la Competitividad, que preside César Alierta, agrupa a todos los grandes empresarios del país y que acoge también al Instituto de Empresa Familiar. Un fenómeno que ya había sucesido en el pasado en algunos sectores donde grandes empresas han acaparado la mayoría del negocio y han decidido moverse en otra liga de representatividad, como es el caso de las Constructoras con SEOPAN.

Pero en este caso, unido a una sospecha de uso indebido de los fondos de formación, que ha traspasado los casos ciertos y judicializados de los sindicatos, ha restado poder de representatividad social real a la CEOE. Yo no se negocian convenios (como antes), ya no se dispensa formación, ya no se negocia e impone al Gobierno un criterio de defensa de los intereses empresariales. Estas circunsatancias, junto a un discurso laxo de su presidente acerca del soberanismo catalán, han deshuesado la presidencia de Joan Rosell en la CEOE, y ahora se encuentra con una corriente creciente dentro de la patronal que quiere recuperar el papel perdido, pero, eso sí, con otro presidente.

La CEOE debe convertirse en una agencia de servicios para las empresas (algo de lo que hacen las Cámaras), con resultados explícitos, y mantener negociación viva con el Gobierno en todo cambio legislativo, además de tener una actitud reivindicativa frente a nuevas legislaciones y promover una imagen pública y un papel público del emprersariado más propio de los países anglosajones. Eso sin hacer dejación de la escasa negociación colectiva que queda, que debería limitarse a los sectores o las empresas tomadas individualmente.

Algo de eso se intentó en los últimos años del difunto Cuevas y los primeros de Díaz Ferrán, pero con escaso éxito. Por ello surgió el Consejo Empresarial de la Competitividad. Debe retomarse para no caminar hacia la insignificancia, eso que ya le ha pasado a los sindicatos, que cuando más sufría su clientela, más alejados estaban de la primera línea de combate.

Una patronal profesionalizada, con recursos económicos, eficientes equipos jurídicos y económicos para asesorar a las empresas en España y fuera. Una patronal útil, y menos pegada a la herencia franquista del sindicalismo vertical, un atributo que puede acabar con ellos, como ha acabado casi con los sindicatos.

Si no cambia rápido, y tiene recursos para hacerlo, aunque precisa poner a trabajar a los intelectuales y los técnicos, si no cambia rápido, repito, da igual quien sea el presidente de la CEOE.

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