Editorial

Un sector inmobiliario que despierta

El mercado de la vivienda en España prosigue en su lento pero sostenido camino hacia la recuperación. Las señales que hacen patente esa tendencia son varias. Por un lado, la evolución de los precios del sector, que vuelven a crecer y lo hacen a una tasa del 0,8% anual, según los últimos datos de Eurostat. Por otro, el impacto cada vez mayor que las operaciones inmobiliarias tienen sobre las arcas públicas. Así, la recaudación del impuesto sobre transmisiones patrimoniales y de actos jurídicos documentados alcanzó en la primera mitad de este año los 3.479 millones de euros. Ello supone un incremento de casi el 6% respecto al ejercicio anterior y, lo que es más importante, el primer crecimiento registrado en siete años en los dos tributos autonómicos que gravan el sector inmobiliario e hipotecario. Para poder hacerse una idea de lo que implican estas cifras basta con recordar que desde 2007, la recaudación por ambos impuestos acumuló un descenso del 70%, mientras que de 1999 a 2006 esta llegó a pasar de 5.000 a 18.000 millones de euros. Ese desmesurado crecimiento fue el resultado de una fiebre edificatoria que llenó España de grúas de construcción y generó una pujante economía basada en el ladrillo y que, al igual que este, se hundió estrepitosamente en 2008. Esa debacle no solo arrastró a promotores y constructores –y llevó a la ruina a miles de pequeñas empresas proveedoras– sino que desestabilizó el sistema financiero y castigó duramente las arcas públicas. Una tormenta que agravó la crisis y llevó a España a una situación insostenible de destrucción de tejido empresarial y desequilibrio en las cuentas públicas.

El escenario actual es considerablemente distinto. En términos de ingresos tributarios, todo apunta a que 2014 será un año de vacas gordas para Hacienda respecto al sector inmobiliario. El motivo es que la reforma fiscal que se tramita actualmente en el Senado contempla la supresión de una serie de coeficientes y correctores cuyo efecto inmediato será el encarecimiento de la factura fiscal por la venta de vivienda, lo que hace prever que las operaciones de compraventa se aceleren de aquí a fin de año para eludir la entrada en vigor de la norma. A ello hay que sumar que la mejora de la economía se está traduciendo en un aumento de las operaciones y, por tanto, de los precios. Si en una primera fase, los inversores internacionales han sido los protagonistas de esta incipiente recuperación del sector, la mejora de la actividad económica comienza a estimular la demanda interna y a llevar el mercado hacia su normalización. Una normalización que no consiste en regresar a una época dorada –y desmesurada– cuyo fin contribuyó a endurecer uno de los tragos económicos más duros que España ha pasado en su historia reciente, sino en racionalizar las dimensiones de un sector clave y que está llamado a tener su propio papel en la recuperación.