A Fondo

¿Ha subido o no la luz?

Cuando la pasada primavera el Ministerio de Industria aprobó el nuevo sistema de precios regulados de la electricidad para el pequeño consumidor (PVPC), que sustituyó a la desafortunada tarifa de último recurso (TUR), no pocos lo consideraron un gran acierto político:al tratarse de un sistema ligado a los precios por horas, el ministerio se quedaba al margen de su devenir, librándose así de los molestos anuncios trimestrales sobre subidas o bajadas de la luz que le imponía el anterior sistema de subastas Cesur. En definitiva, un mecanismo ciego para los usuarios, teniendo en cuenta que la web de REE en la que supuestamente pueden consultarse los precios por horas resulta totalmente inútil.

Todo transcurrió plácidamente mientras los precios del mercado se mantuvieron bajos (algo habitual en la primera mitad del año) o, al menos, por debajo del precio intervenido por el Gobierno entre enero y marzo, 48,48 euros MWh, que se aplicó de manera provisional en los dos primeros trimestres del año (en el primero, a cuenta del precio medio del pool que resultó en ese periodo, y, entre abril y junio, a cuenta del nuevo PVPC). El asunto se saldó incluso con devoluciones en las facturas de los consumidores domésticos acogidos a ese precio regulado.

Pero la situación ha cambiado radicalmente en la segunda parte del año, en la que, como es habitual en los meses estivales y de comienzos de invierno (épocas de anticiclones por frío o calor y, en algunos años, de escasas lluvias), los precios del mercado y, por tanto del PVPC, han subido. La producción eólica ha registrado mínimos en septiembre (el día 29, con 9.846 MWh, fue el segundo día con menos generación eólica diaria desde 2008) y el recurso a las centrales más caras (carbón y gas) ha hecho lo propio, tirando de los precios hacia arriba.

Las informaciones sobre la subida de la luz publicadas a partir del último día de septiembre (fin de mes y de trimestre) han creado un gran revuelo, sobre todo, con la difusión de variopintos cálculos. Además, para avivar las dudas entre los confusos usuarios, vino a terciar el ministro de Industria, José Manuel Soria, y su propio departamento, recalcando que, muy por el contrario, la luz ha bajado este año: un 5,4%, según Soria y un 6,9%, según su ministerio.

La polémica, con una agria nota de prensa del ministerio en la que alude a que “las sensaciones” de precios elevados que tiene el consumidor vienen de épocas pasadas (“de las subidas acumuladas entre 2004 a 2011”), demuestra que el objetivo político de que los precios de la electricidad no salpicasen al Gobierno, no se ha cumplido. Por el contrario, el PVPC podría resultar políticamente contraproducente, pues el consumidor ya no tiene una vía oficial de información como antes y, frente a tantos cálculos contradictorios (cada fuente barre para su casa), solo le quedará “la sensación” de engaño permanente o “por horas”, como el nuevo sistema.

¿Qué ha ocurrido con los precios eléctricos? ¿Han bajado o han subido? ¿Quién miente y quién dice la verdad?Quizá todos y ninguno, ya que el resultado depende de a qué precios se esté haciendo referencia, a qué periodos y comparados con qué. Con datos de las fuentes oficiales (el Ministerio de Industria, REE y el operador del mercado, OMIP), el precio del mercado diario cayó un 36% en el primer trimestre de este año sobre el primer trimestre de 2013, y, aunque en el tercer trimestre también baja respecto al primero (un 5,1%), la evolución en el segundo (con un incremento del 16,9%) y el tercero (del 5,1%) muestra ya lo espasmódico del mercado.

 

Con tanta confusión, el consumidor se queda con la sensación de engaño permanente, o "por horas", como el nuevo PVPC

Tampoco hay que confundir entre el precio del mercado eléctrico con el coste de la energía para el consumidor y la factura total. Dicho coste se ha disparado un 9,4% en el tercer trimestre, después de una situación artificial en el primer trimestre del año, cuando el Gobierno frenó la escalada de precios de la Cesur con un precio intervenido. Entre enero y marzo, este coste bajó un 31,3% respecto a igual periodo del año pasado, y, en el segundo, otro 7,5%. El promedio entre el primer trimestre y el tercero arroja una caída del 10,8% (no toda la subida se traslada a la factura).

Más allá del espejismo de las estadísticas, la comparación entre este año y el pasado no resulta adecuada, pues en uno regía un sistemas de fijación de los preciosa base de subastas (“especulativo” , según el Gobierno) y en este, se han sucedido los precios intervenidos y un PVPC que no deja de ser un experimento del Gobierno. Además, al coste de la energía hay que sumar el de los peajes, cuyo término fijo podría volver a aumentar, según ha comunicado el propio Nadal a empresas del sector.

Aunque el Gobierno tiene razón al asegurar que respecto al año anterior la luz ha bajado, ¿por qué ha de medirse la evolución de un año respecto a otro, cuando se ha impuesto un sistema de precios por horas? ¿Tienen menos razón los que se empeñan en subrayar que la luz ha subido en septiembre y la tendencia es incierta, pese a que los mercados de futuros apuntan a la baja? En todo caso, no deja de ser absurda la discusión sobre si la luz ha subido este año, cuando lo que el usuario debería saber es el precio a futuro.

Cuando reguló el PVPC, el secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal, bien sabía que si algo caracteriza al mercado eléctrico español es su volatilidad. No en vano, exigió a las comercializadoras de referencia que ofreciesen precios cerrados anuales para aquellos consumidores dispuestos a pagar más, pero todo el año la misma tarifa. Un mecanismo al que apenas han recurrido unos centenares de usuarios y que no deja de ser una cesur cualquiera, ya que las eléctricas, como en las extintas subastas, se cubren del riesgo de ofrecer un precio anual cuando desconocen al que comprarán de verdad la energía a suministrar.

Mientras tanto, las sospechas de manipulación del mercado ronda por las esquinas. Ese mercado que los responsables de Industria modificaron parcialmente (las citadas subastas) arrollados por las circunstancias, pero que, a pesar de las promesas, han dejado fuera de la reforma (la buena evolución de los precios la hacía innecesaria). Aunque hay consenso en que la consigna del ministerio es que hay que dar carpetazo a cualquier nueva medida que perjudique en un año electoral, el fantasma de los precios vuelve a planear en la recta final del año.