Tribuna

El arbitraje internacional se reúne en España

El arbitraje, como medio alternativo de resolución de conflictos se está implantando en España de un modo progresivo y constante. CIMA, la Corte Civil y Mercantil de Arbitraje de Madrid, gestionó en 2013 conflictos por valor de 200 millones de euros. En el año 2000, la cuantía se situaba por debajo de los 50 millones en valor. Uno de los principales motores de este incremento ha sido que las empresas y sus asesores jurídicos valoran cada vez más el buen hacer de las Cortes de Arbitraje. Los asesores empresariales saben que somos rigurosos, rápidos y fiables, y que garantizamos algo tan valioso como el ahorro de tiempo y de dinero para las compañías. A las características generales (rapidez, confidencialidad, autonomía de la voluntad, especialización) que hacen atractivo el arbitraje de las Cortes arbitrales, añadimos una específica de CIMA: su carácter privado –la institución se autofinancia al 100 por 100- y, por tanto, radicalmente independiente, así como la calidad y profesionalidad de nuestros árbitros. Baste un ejemplo: a lo largo de los 25 años de historia de CIMA, solo ha sido revocado el 0,73% de los laudos arbitrales. La Corte Civil y Mercantil de Arbitraje que presido nació hace 25 años, justo un año después de aprobada la Ley de 1.988, que supuso un primer cambio en la regulación del arbitraje en España, y con este motivo hemos convocado en Madrid el I Congreso Internacional bajo el lema de “Avances y Novedades en materia de Arbitraje”. Durante dos días –el lunes 6 y el martes 7 de octubre- una muestra muy representativa del mundo del arbitraje, nacional e internacional, del mundo de la empresa y de la judicatura, tendrán la oportunidad de intercambiar análisis y reflexiones sobre el futuro de esta vía extrajudicial de resolución de conflictos, que reclama un espacio definitivamente propio. En este encuentro, más de doscientos expertos de todo el mundo trataremos de unificar conceptos y tendencias para responder mejor a las nuevas exigencias de un entorno globalizado.

En un mundo en el que no existen fronteras para las empresas y tampoco para sus conflictos, el arbitraje facilita un tribunal absolutamente neutral y supera cualquier barrera de legislaciones nacionales, lenguas o procedimientos específicos. En los últimos 30 años se han suscrito más de 2.000 Tratados bilaterales entre diferentes Estados, que regulan y propician acudir al arbitraje cuando alguna de las partes ve mermados sus derechos en materia de inversiones. En cuanto al arbitraje comercial va adquiriendo cada vez una mayor dimensión internacional. Además, desde CIMA trabajamos para que España se consolide como centro neurálgico para los conflictos de las empresas españolas o europeas con Latinoamérica. No tiene sentido que en los conflictos comerciales o de inversiones con Latinoamérica no exista una mayor presencia de las Cortes españolas. A esto ayudaría una concentración de las numerosas instancias arbitrales que existen en la actualidad en nuestro país.

España cuenta con algunos de los profesionales de mayor prestigio en tales instancias internacionales. En el CIADI, por ejemplo, a lo largo de 2012 se nombraron 7 árbitros españoles. Este número solo fue superado por Canadá -9-, Francia -10-, Reino Unido -12- y EE.UU. -18-.

CIMA quiere aprovechar tan importante efemérides para reunir entorno a la mesa de trabajo a árbitros de distintos países, para dialogar e intercambiar opiniones y experiencias sobre aquellas cuestiones que más preocupan y ocupan el mundo arbitral. Esto es lo que abordaremos en estas jornadas en las que tenemos el placer de contar, en la inauguración con la Vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y en la clausura, con Miguel Temboury Redondo, Subsecretario de Economía y Competitividad. No nos cansaremos de insistir en que es imprescindible un mayor trabajo y promoción de la vía del arbitraje por las ventajas ya señaladas, a las que hay que añadir el evidente ahorro de costes para el Estado y su sistema judicial. Y hay que recordar que el laudo dictado por un árbitro tiene la misma la validez y fuerza legal de una sentencia judicial. El viento es favorable, sin duda, para una práctica como el arbitraje, que supone una alternativa más rápida y especializada, y me atrevería a decir por tanto, más adecuada en muchas ocasiones. Confiamos en seguir avanzando juntos, para construir un sistema de resolución de conflictos ordinario y alternativo español, a la altura del resto de países desarrollados del mundo.