El último refugio del ganadero trashumante

En tiempos de Alfonso X, con la regulación de los llamados caminos de la Mesta, la ganadería trashumante comienza su expansión en la Península. Desde esa fecha, y hasta nuestros tiempos, el oficio ha ido quedando poco a poco en desuso debido al gran sacrificio y trabajo que requiere. Sin embargo, en medio de la Sierra de Cazorla, a 1.300 metros de altitud, una comunidad de pastores de ganado ovino aún se resiste a abandonar esta práctica. Para ellos es la herencia de sus padres y abuelos y para un municipio tan aislado como el de Santiago-Pontones, la única razón por la que la gente sigue viviendo allí.

Los pueblos de Santiago de la Espada y Pontones son los dos núcleos más importantes de la comarca. Ambos se encuentran inmersos en un paisaje que es tanto el motivo de su aislamiento como de su atractivo turístico. El Parque Natural de las Sierras de Segura, Cazorla y las Villas, el mayor de España, es el mejor destino para el visitante que no tema perderse en una naturaleza salvaje o disfrutar de cualquier actividad al aire libre. Cruzar los Campos de Hernán Perea, en pleno corazón del parque, subir hasta el nacimiento del río Segura, conocer los lugares de pasto y crianza de las ovejas o asombrarse con el gran cañón del Despiernacaballos son lugares de obligada visita.

El paisaje en la región es muy diverso y cambia radicalmente de una estación a otra. Los lugareños ya están habituados a soportar temperaturas de hasta –30°C en invierno, con metros y metros de nieve cubriendo los campos de encinas y pinos. Sin embargo, el ganado no soporta estas duras condiciones, de ahí la necesidad de movilizarlo a lugares más cálidos justo antes del invierno para volver a la llegada de la primavera. Desde la comarca de Segura hasta Sierra Morena, los pastores acompañan a sus ovejas en una ruta de cientos de kilómetros a través de montañas y praderas que les lleva varios días. Para ellos, a pesar del sacrificio que requiere, es algo natural: lo han heredado de sus padres y sus familias están habituadas a este estilo de vida. En cambio, esta práctica ha despertado el interés del ecoturista, que lo ve como algo extraordinario y apasionante. Es por eso que cada vez son más los intrépidos que se atreven a realizar la trashumancia con los propios pastores. El objetivo es vivir en sus propias carnes la dureza de un oficio que, ante todo, respeta la naturaleza.

A pesar de los múltiples reclamos que puede tener la región, el mayor de ellos es, sin duda, el cordero segureño. En la provincia de Jaén, siempre se ha prestado mayor atención a la industria olivarera, sin embargo, estos ganaderos nunca se han rendido y es ahora cuando realmente están consiguiendo que se apoye y reconozca su producto. El esfuerzo en este caso merece la pena. El modo extensivo en que se maneja el ganado, los magníficos pastos de las altas montañas y una especie ovina particular se traduce en un tipo de carne única.

Santiago de la Espada y Pontones son los núcleos más importantes de la región