La demanda plana y los salarios planos mantienen la inflación a raya

La demanda interna cerrará el año con un avance del 2% y será el sostén primero del crecimiento. El avance se concentra en el consumo de servicios e inversión, puesto que el de bienes sigue estancado para mantener a raya a la inflación. Un año completo lleva rondado el cero la venta del comercio minorista, y un año completo lleva el Indice de Precios de Consumo flirteando con las tasas negativas.

La influencia de la demanda en el comportamiento de los precios es directa, siempre en mercados abiertos en los que no haya cuellos de botella en la oferta de bienes y servicios. Y aunque en el pasado en España tal axioma de la teoría económica no ha sido explícito, ahora empieza a serlo, sobre todo en el último año: demanda de bienes plana, precios planos.

En los últimos años la demanda se mantenía estancada, con prolongados periodos de tasas interanuales negativas, y los precios no terminaban de flexionar a la baja. Solo en los últimos doce meses hay un comportamiento ortodoxo de ambas variables por la flexión bajista de todos los costes y la presión de una expectativas muy poco positivas sobre la evolución de la economía y del empleo.

Hasta que los salarios nominales no han comenzado a descender en los tres últimos años como consecuencia de una pérdida abrupta de competitividad que ha obligado a un abaratamiento de todos los costes laborales para recuperar mercados y evitar despidos adicionales, la inflación no se ha asomado a los valores negativos. En 2009 y 2010 los salarios seguian subiendo como si la crisis fuera cosa de otros y España fuere inmune, pese a que tenía la mayor concentración mundial de desequilibrios: sobrevaloración de activos inmobiliarios, endeudamiento, niveles de precios y costes, etc.

En 2012 y parte de 2013 el efecto de los salarios, ya en caída o estancamiento, fue sustituido por los impuestos en su rol inflacionista. El fortísimo desequilibrio fiscal tenía que ser corregido con fuertes subidas de los impuestos, que ejercen una doble presión sobre los índices de precios. Por un lado generan incremento de los precios si se trata de indirectos, como IVA o Especiales, y por otro contraen la renta de los hogares con la consiguiente merma de la presión sobre los precios finales.

Pero ahora, con salarios planos y los impuestos estables, y con una demanda con el freno de mano echado, la inflación lleva un año completo coqueteando con la deflación, como confirman los datos conocidos esta semana. La venta del comercio minorista sigue registrando tasas planas y en ellas lleva ya un año completo, bien es verdad que tras haber estado tres ejercicios (desde la primera subida del IVA en 2010 y el recorte de sueldos de funcionarios y aplanamiento de las pensiones) en tasas negativas muy abultadas.

¿De dónde procede la demanda que moviliza el crecimiento económico? Más de la venta de servicios que de bienes, a juzgar por el avance de actividaes turísticas, muy agitadas tanto entre nativos como entre extranjeros, así como de la inversión, sobre todo en equipamiento empresarial tanto para atender la demanda de exportación como para mejorar la oferta ante una previsible recuperación de la demanda interna.

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Race to the bottom. Buena suerte, país podrido.
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