Tribuna

¿La extinción de RTVE?

Pasado el ecuador de la legislatura se multiplican los cálculos y los ajustes, algunos, imbuidos de fatalismo, seguirán al jefe hasta que sea desalojado del poder, otros que juegan a más largo plazo prefieren proceder a su propio plan de retirada. Estos últimos estiman, como el almirante Cervera en la malhadada jornada de Santiago de Cuba cuando el desastre de 1898, que “más vale honra sin cargos, que cargos sin honra”.

Estamos en días de la aceleración que sigue a la calma porque en España se alternan la parálisis y la epilepsia. Alberto Ruiz-Gallardón respondió el martes en caliente con el abandono del Ministerio de Justicia al anuncio del presidente Rajoy de retirada del non nato proyecto de ley sobre la interrupción voluntaria del embarazo.

Rajoy quería quitarle a su ministro el minuto de gloria que se había preparado para protagonizar la sesión de control en el pleno del Congreso del miércoles. Con reflejos felinos, Gallardón convocó sobre la marcha a la prensa para dar cuenta de su retirada fulminante, sin atender a la ausencia del Rey con el presidente Obama en Nueva York ni a la salida hacia Pekín de Rajoy tan solo unas horas después. A todo trance ninguno de los dos –ministro y presidente– ha querido quedar humillado, costare lo que costare a quien fuere. Para taponar la vía de agua se ha recurrido a la vicepresidenta para todo, Soraya Sáenz de Santamaría, que ha sido encargada también de la cartera de Justicia mientras regresan todos a casa y se procede a la designación y juramento del nuevo titular del departamento, que resulta ser otro sorayo Rafael Catalá del Cuerpo Superior de la Administración Civil del Estado.

Pero abierta la espita de salida, ayer se produjo una nueva dimisión aún de mayor trascendencia, la del presidente de la corporación de RTVE, Leopoldo González Echenique, que llevaba 26 meses en la tarea. La ha presentado en la reunión del Consejo con carácter irrevocable, una vez averiguado que el ministro de Hacienda se niega a inyectar los 130 millones de euros de extrema necesidad. Su negativa a emprender otro expediente de regulación de empleo ha terminado por descalificarle. Sucede además que el Partido Popular quería una RTVE reconvertida en servicio doméstico del Gobierno y que Echenique estaba intentando moderar esa indecencia. Cunde así, sin necesidad de ley alguna, un principio regenerador de la democracia según el cual “más vale honra sin cargos que cargos sin honra”. El grupo audiovisual esperaba el refuerzo presupuestario necesario para que la corporación cerrara en condiciones de equilibrio presupuestario el ejercicio 2014. Deseaba contar con nuevos recursos para comprar contenidos y estar en condiciones de competir así en mejores condiciones en un mercado televisivo cada vez más exigente.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha declinado conceder esos fondos a través de la SEPI y la situación económica se ha hecho asfixiante, habida cuenta de la disminución de las aportaciones de las operadoras de telecomunicación, que es la otra vía de financiación al haberse suprimido la publicidad. De modo que el callejón sin salida ha forzado la dimisión del presidente. Además, la pretensión de una RTVE sumisa ha ahuyentado a la audiencia y el ministro de Hacienda se niega a pagar la factura de ese desistimiento. El desastre progresivo nos deja en pésima situación, una vez que ese servicio público que debería proporcionar un relato neutral de la actualidad, aceptable para la mayoría de los españoles, a la manera de la BBC británica y de las cadenas públicas de países como Alemania y los nórdicos, camina hacia la irrelevancia para dejar el campo libre a los sectarismos públicos en que están instaladas las cadenas autonómicas y los sectarismos privados engordados con la publicidad.

Los liberal-nihilistas parecen estar ganando otra batalla decisiva en la que se empeñaron nada más ganar las elecciones el 20 de noviembre de 2011. Porque la situación económica heredada de Zapatero imponía la senda de la austeridad pero la primera medida adoptada fue apoderarse de la RTVE, decididos a instrumentalizarla o extinguirla. ¿Por qué?

Miguel Ángel Aguilar es periodista.