El grupo ultima la venta de su filial en Islas Malvinas

Pescanova se aleja de la Antártida

Buque Betanzos, de Pescanova, en la Antártida.
Buque Betanzos, de Pescanova, en la Antártida.

La biomasa del krill tal vez sea la mayor de cualquier especie animal multicelular del planeta. Este crustáceo, de no más de cinco centímetros de longitud, el animal más abundante en la Tierra, se encuentra en las aguas antárticas. Se emplea en la producción de alimentos para consumo humano (rico en ácidos grasos Omega 3), pero es en la acuicultura donde más se utiliza, como pienso de alta calidad. La Comisión para la Conservación de los Recursos de la Vida Marina en la Antártida (CCAMLR) es el organismo que regula su pesca. De acuerdo al listado de la CCAMLR de barcos con licencia para pescar en la región, no más de medio centenar de buques cuentan con licencia para faenar sus aguas. Uno de ellos es el Betanzos, de Pescanova.

La multinacional gallega es una de las pocas compañías que cuenta con permiso para pescar en las aguas antárticas, a través de su filial Lafonia. Sin embargo el grupo español, que acaba de abandonar la situación concursal en la que se encontraba, ha optado por dejar la zona. Adiós a Lafonia, a las Islas Malvinas, a las Islas Georgias, a la Antártida. Adiós al krill.

De acuerdo a fuentes cercanas al grupo pesquero, Pescanova ultima la venta de Lafonia (una operación que podría estar valorada entre 15 y 20 millones de euros). Lafonia cuenta con dos filiales, Polar, situada en Islas Malvinas, y Antarctic Sea Fisheries, en Chile.

La primera de estas filiales tiene cuota de pesca de calamar, bacalao y pez hielo en Malvinas, y cuenta con dos de los mejores barcos para pesca de arrastre que existen en España, el Sil y el New Polar. Pescanova participa en esta sociedad junto con un socio local, la firma Seaview.

La otra filial, Antarctic Sea Fisheries, es 100% de Lafonia. Dispone de un palangrero con permiso de pesca de bacalao en las Islas Georgias (cerca de las Malvinas), y con el arrastrero Betanzos, dedicado a la captura de krill. En 2011 la empresa invirtió 17,3 millones de euros en la remodelación del Betanzos para adaptarlo a la pesca del krill, según el plan de viabilidad elaborado por PwC para Pescanova el pasado año, al que ha accedido este diario.

La consultora estimaba en su informe que Lafonia, en situación concursal, podría alcanzar unas ventas estables anuales de 21,7 millones de euros. Según el mismo informe, la empresa debe 3,2 millones a Banco Sabadell; 2 millones a Bank of Western Australia, y 1,39 millones a BBVA. El combustible es el principal coste operativo del negocio antártico de Pescanova, suponiendo un gasto de 2,48 millones de euros al año.

De acuerdo a fuentes del sector, Pescanova ha optado por desprenderse de Lafonia para centrarse en Argenova, su filial en Argentina. Según las fuentes consultadas, el conflicto de soberanía entre Argentina y Reino Unido sobre las Malvinas y las Georgias hace que el Gobierno argentino no vea con buenos ojos a las compañías con negocios en la zona, lo que habría empujado a Pescanova a vender Lafonia.

Argenova, en concurso desde mayo de 2013, emplea a cerca de 1.000 personas y cuenta con 18 barcos. PwC estima en su informe que la empresa podría alcanzar una facturación superior a los 63 millones de euros. La compañía argentina debe 6,5 millones a Caixa Geral; 11,7 millones a Sabadell; 1,9 millones a Banco Patagonia, y 1,8 millones a Deutsche Bank.

Las fuentes del sector consultadas advierten de la arriesgada apuesta de Pescanova por Argentina. “La inestabilidad política y laboral hacen que siempre sea un caladero incierto y en Argenova lo principal es la pesca de gambón, que no tiene un futuro halagüeño por la competencia del vannamei”, dicen.

El grupo sigue la estrategia del krill para sobrevivir

Aún no está claro cómo consigue el krill sobrevivir, hasta 200 días, sin comer aparentemente en las heladas aguas antárticas. Según recientes estudios, lo más probable es que este pequeño crustáceo consuma el material orgánico de su cuerpo para satisfacer así sus necesidades metabólicas.

Pescanova está haciendo como el krill: se está encogiendo para sobrevivir. La multinacional (cada vez menos) gallega se ha desprendido de filiales en el extranjero en los últimos meses. En abril de 2013 vendió dos granjas de camarón en Ecuador; en diciembre vendió el 50% de su filial australiana al grupo japonés Marucha Nichiro.

Recientemente se ha desprendido de sus filiales en Chile, uno de sus mayores activos en el extranjero. Durante el concurso y reorganización accionarial de Pescanova se aseguró que Chile era básico para el negocio del grupo español. El negocio chileno de Pescanova –a través de las sociedades Pescachile, Acuinova y Nova Austral– figura en el informe de viabilidad elaborado por PwC como “prioritario”. Las filiales de Pescanova en Chile tienen una plantilla en total cercana a las 2.000 personas. Pescachile, declarada en concurso en mayo de 2013, tiene una cuota de pesca de merluza del 46,6% en el país. Acuinova y Nova Austral están centradas en la cría y comercialización de salmón. Solamente dos barcos de Pescanova en Chile, el Diego Ramírez y el Cabo de Hornos, pescan al año 30.000 toneladas de hoki (merluza de cola), cuando en Namibia (donde está presente Pescanova) para pescar esa cantidad se necesitan 18 barcos, explican expertos del sector.

Pescanova informó ayer a la CNMV de que no ha recibido información oficial sobre la venta de sus participadas en Chile.