Será el próximo propietario del Valencia C. F.

Peter Lim, el sueño del ‘broker’ futbolero

El Valencia se prepara para la llegada de la novena fortuna de Singapur, que durante años ha querido poner la guinda a su cartera de inversión con un club de fútbol

El inversor singapurense Peter Lim
El inversor singapurense Peter Lim

En un rápido repaso de teoría futbolística, podríamos diferenciar los elementos clave para el correcto desarrollo de un partido del deporte rey: dos equipos, un terreno de juego, un balón y dos porterías. Y un árbitro, aunque suela ser el elemento discordante. Por lo general, el partido dura un mínimo de 90 minutos, más lo que el colegiado considere oportuno añadir. Pero en el caso del Valencia Club de Fútbol desde hace unos años, se juega un partido que no tiene ninguno de los elementos anteriores. Ni siquiera un árbitro, figura también socorrida en el ámbito estrictamente empresarial. En este caso despachos, aviones, trajes, corbatas y contratos componen una laberíntica historia que, aunque no genere tantas expectación como un partido en el estadio de Mestalla, es la base sobre la que se mueven un caudal de pasiones.

El Valencia agota el proceso a través del cual pasará a manos de un multimillonario llegado desde Singapur. El inversor Peter Lim (Singapur, 1950), mediante su compañía Meriton Holdings, cierra los últimos y largos flecos con el máximo acreedor de la entidad, Bankia, para hacerse con el 70% del accionariado del club. Y es que la fiebre del ladrillo que se extendió por la costa mediterránea también llegó al Valencia. Un ambicioso proyecto de nuevo estadio valorado en cerca de 250 millones de euros, soportado por un crédito por la misma cantidad otorgado por la antigua Bancaja (luego Bankia) y avalado por una venta que nunca se cerró de los actuales terrenos del Estadio de Mestalla, acabó por reventar el ecosistema financiero del club. Las obras pararon, el club quedó sin liquidez y en 2009 se vio abocado a una ampliación de capital. La Fundación Valencia C.F. se hacía con el 72% de las acciones gracias a un crédito de 80 millones de Bankia, que no pudo satisfacer. De ahí que la entidad bancaria decidiera a finales del año pasado iniciar un proceso de venta que dura ya diez meses.

La oferta ganadora fue, y así se comunicó de forma pública, la de Lim, que llega de la mano del presidente del club, Amadeo Salvo. Será el cuarto caso de capital extranjero que se apropia de un club de fútbol español. Solo uno, el del Málaga, se ha demostrado duradero con el tiempo, si bien la inversión se ha reducido drásticamente con el paso de los años. Al menos, en un principio, no hay duda de la solvencia económica de Lim, que tendrá que sanear el club y terminar el nuevo estadio. Según Forbes, la suya, con unos 2.500 millones de dólares, es la novena fortuna de Singapur, el tercer país con mayor renta per cápita del mundo en 2013 según el FMI.

Peter Lim es un inversor nato creado a sí mismo, ya que su infancia estuvo lejos de la opulencia. Hijo de un pescadero, vivía con sus padres y siete hermanos hacinado en un piso del gobierno de la isla, que hace 60 años no era el imán para grandes fortunas que es ahora. Marchó a Perth, Australia, para graduarse en finanzas y contabilidad, estudios que sufragó trabajando como taxista, ayudante de cocina y camarero en restaurantes de comida rápida. Tras un breve empleo como contable, se inició como broker, su vocación.

Su especial habilidad le ganó el apodo de “remisier’s king”, que en castellano viene a significar “rey de las comisiones”, y dio su gran golpe en 1991, tras invertir 10 millones de dólares en Wilmar International, entonces dedicada a la producción de aceite de palma. Hoy es uno de los mayores holdings agroalimentarios de Asia, y aquellos 10 millones se convirtieron, con los años, en 700. Ahora sus inversiones se centran en Malasia, en el área de Iskandar,una de las más prósperas del país, principalmente en el ámbito inmobiliario. Allí también construye un circuito de Fórmula 1, una de sus pasiones. De hecho, es accionista de la escudería McLaren.

Además, Lim es el segundo accionista con 11,4% de FJ Benjamin, holding que engloba las marcas Givenchy o Guess, y mantiene una participación en la compañía que distribuye los productos de Apple en Singapur. También tiene intereses en sectores como el de la salud o la logística, y posee la licencia para Asia de los bares temáticos del Manchester United, su club del alma, aunque en 2010 intentara hacerse con la propiedad del Liverpool.

Involucrado en distintos proyectos sociales a través de su fundación, centrada en el acercamiento al deporte de los niños con menos recursos de la isla, Lim ha estado en la órbita del fútbol profesional desde hace años, y no solo con la fallida compra del Liverpool. Se le vinculó con un posible interés por el Atlético de Madrid, después de haber financiado parte del fichaje en 2011 de Radamel Falcao a través de uno de sus fondos de inversión. También ha comprado los derechos de varios jugadores en Europa, fruto de su asociación con el principal agente de futbolistas del mundo, el portugués Jorge Mendes. Algunos de ellos ya juegan en el Valencia, y de hecho la elección de su entrenador para esta temporada, Nuno Espirito Santo, también representado por Mendes, se debió a un “criterio de confianza” pese a no haber cerrado la compra del club. Los que rigen el fútbol español temen que convierta al Valencia en una oficina de compra-venta de sus jugadores. Por ahora, éste ha devuelto la ilusión a la afición ché. Pero en su plan queda un fleco que no controlará: que el balón entre en la red.