El Foco

Mucho más que un banquero

Muchas han sido las merecidas alabanzas vertidas hacia la figura de Emilio Botín tras su triste fallecimiento. La mayoría de ellas han hecho hincapié en su faceta como profesional de la banca, sin embargo, han sido menos las que han incidido en su figura de empresario pionero y visionario. Es precisamente este aspecto el que me gustaría resaltar.

Botín consiguió crear un modelo empresarial motor de crecimiento y un ejemplo de productividad en España

Hace unos pocos meses, durante una visita a la sede del Consejo General de Economistas, el secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz, recalcó que resulta fundamental concienciar a las empresas sobre la importancia de la internacionalización, e insistió en la necesidad de incrementar el tamaño de las mismas para poder competir en el exterior.

Pues bien, hace nada más y nada menos que casi 30 años, Emilio Botín, imbuido quizá por el espíritu de los grandes aventureros cántabros, desplegó sus grandes conocimientos jurídicos y económicos para poner en marcha una estrategia que, pocos años después, se materializó en una política de expansión, estableciendo alianzas inéditas con entidades de todo el mundo. Asimismo, en los años noventa, puso en marcha una iniciativa de fusiones y adquisiciones con las que la entidad que presidía adquirió el volumen necesario para consolidarse.

Gracias a estos dos pilares –mayor tamaño e internacionalización–, consiguió crear uno de los grupos financieros más importantes del mundo y un modelo empresarial que se ha revelado como un motor de crecimiento y un ejemplo de productividad en nuestro país, contribuyendo al desarrollo económico, la diversificación y el empleo.

Pero ha habido otras muchas lecciones magistrales que Emilio Botín nos ha dado durante su amplia trayectoria profesional y que no podemos olvidar, anticipando conceptos que hoy son muy comunes. Cuando en nuestro país nadie hablaba de la marca España, él, consciente de este valor estratégico, se alzó como uno de nuestros principales embajadores en el exterior y convirtió a su entidad en un referente mundial.

Gracias a su espíritu innovador, el sistema financiero español se transformó y empezó a atender cuestiones que le pusieron en la senda de la modernidad, como, por ejemplo, la inversión en I+D, asunto este en el que, siempre que tenía ocasión, no dejaba de insistir. Definir nuestras prioridades estratégicas como país era algo que le producía una especial preocupación, y, entre ellas, consideraba que la investigación y el desarrollo debían ser una de las grandes apuestas, en cuanto generadora de riqueza y de empleo. Para predicar con el ejemplo, Banco Santander ocupó en varios ejercicios el puesto de empresa española y de banco europeo que más invierte en esta partida, según la clasificación que la Comisión Europea publica al efecto.

El banquero cántabro supo conciliar los intereses de su sociedad con el servicio a los intereses generales

Otro concepto de uso común en el que Emilio Botín fue pionero en España fue en el de empresa global. Como todos sabemos, la transformación de una empresa familiar en una entidad global no es tarea fácil, pero él fue uno de los primeros en conseguirlo en base a meditadas operaciones que, sin olvidar el espíritu de los fundadores del banco, se abrió a nuevos escenarios.

Pero, para que un proyecto crezca, resulta fundamental creer en él. Acciones como la que llevó a cabo en 2010 –cuando se hicieron públicas las pruebas de resistencia de la banca europea–, con la compra de un importante paquete de acciones del banco en un momento en que su rentabilidad había retrocedido, supusieron un gesto de confianza en la entidad que los inversores supieron reconocer.

Saber mantener el equilibrio justo entre riesgo y prudencia es algo destinado solo a unos pocos, y el gran banquero cántabro fue uno de ellos. A lo largo de los años, supo combinar acciones audaces –que sirvieron para estimular la competencia en el sector– con una política de diversificación que le permitió sortear con éxito los momentos de dificultades. Ser el primer banco que, al inicio de esta última crisis, canjeara deuda por activos o diversificar entre mercados emergentes y maduros le permitieron blindar al banco ante las adversidades.

A todos nos gusta que nos reconozcan nuestro trabajo y más si quien lo hace es un competidor. Tras su fallecimiento, otros grandes banqueros de nuestro país, como Isidro Fainé o Ángel Ron, han reconocido de manera unánime la figura de Emilio Botín, al que el primero ha calificado de competidor leal, referente y estímulo, y el segundo, como uno de los grandes banqueros de la historia de España.

Por último, me gustaría hacer mención a un aspecto que es digno de las mayores alabanzas y que ha sido destacado por muchas personalidades del mundo de la política, como es el hecho de que durante toda su vida supiera conciliar los intereses de su entidad con el servicio a los intereses generales y –como ha manifestado el ministro Luis de Guindos– que siempre se mantuviera al lado de nuestro país en los momentos de dificultades.

Adam Smith dijo que “muchas personas pasan por nuestra vida pero solo muy pocas llegan a ocupar un gran lugar en nuestro corazón”. Sin duda, Emilio Botín ha sido una de ellas. Descanse en paz.

Valentín Pich Rosell es presidente del Consejo General de Economistas.