“Mantendremos el liderazgo por la categoría del equipo”

El testamento bancario y económico de Emilio Botín

Emilio Botín
Emilio Botín

Emilio Botín cumpliría 80 años el próximo 1 de octubre, pero exhibía el aspecto vigoroso de un hombre mucho más joven, en plena actividad, con la disciplina diaria del ejercicio físico, la parquedad alimenticia (con las obligadas sardinas para que el fósforo refuerce la memoria) y el reloj siempre en hora de la gestión de un banco al que ha dedicado toda la vida y del que hablaba con instinto de creador. Una entidad a la que ha transformado, desde una oficina aristocrática pero provinciana, en el primer banco de España y de la zona euro.

Poner a Santander en el mapamundi, con negocio en todos los continentes, le ha exigido también gran actividad viajera para intercambiar impresiones (y cuidar el negocio) con la presidenta de Brasil, con las autoridades reguladoras de Estados Unidos, con el presidente del Exchequer o con el consejero delegado de la Fiat, a su vez capo di capi en Ferrari, un instrumento útil para poner en órbita la marca Santander. Coincidiendo con el último gran premio de Fórmula 1 en Monza (Italia), Emilio Botín mantuvo, el pasado viernes, 5 de septiembre, el último encuentro directo con periodistas españoles, en el que dibujó la línea estratégica del banco para los próximos años a la luz de las oportunidades que brindaba cada zona del globo, y donde se analizó la situación política, social y económica de España y de Europa.

En los majestuosos salones renacentistas milaneses de la mansión de Alessandro Manzoni, el escritor italiano de renegado romanticismo que escribió I promessi sposi (Los novios) en el último tercio del XIX, y a dos manzanas de donde falleció Giuseppe Verdi, el músico que en honor del escritor lombardo compuso la Misa de Réquiem, el banquero cántabro expresó por última vez su papel en Banco Santander.

Acostumbrado como estaba a la pregunta más repetida en los últimos diez años (a propósito de su relevo en la presidencia), Emilio Botín respondía con un punto de humor que “de eso ya hablaremos dentro de 20 o 30 años; preguntádmelo entonces”. Admitía que era una gran responsabilidad (“y un gran honor”) presidir el banco, con una fórmula que combinaba la acción ejecutiva diaria de despacho, reuniones y comunicación permanente, con viajes a diversas partes del mundo para hablar con Gobiernos, inversores y empresarios.

Pero dejaba claro que “este banco está bien capitalizado y tiene la estrategia bien clara y bien definida; y lo menos importante es esta o aquella persona; lo importante es la categoría del equipo de gestores y la plantilla de primerísimo nivel que tiene; tenemos un consejero delegado magnífico; Santander mantendrá el liderazgo en este negocio por el equipo humano que tiene. Eso es lo importante. Una transición en la presidencia no es relevante. De eso ya hablaremos dentro de 20 o 30 años. En el banco y en su consejo hoy [por el 5 de septiembre] nadie está preocupado por eso: a mí no me lo hacen llegar”.

Repitió una vez más el esfuerzo que ha supuesto situar a la entidad como la más rentable del mundo desde que se inició la crisis, si tal variable se mide como el retorno neto para el accionista; la quinta por rentabilidad sobre el capital (como antes de la crisis); una de las más saneadas y con apreciable ventaja por valor bursátil, si se exceptúan los gigantes americanos, los chinos y el asiático-británico HSBC. “Hoy doblamos en valor al segundo banco español y superamos la suma de segundo, tercero y cuarto; pero no estamos satisfechos: Santander debería valer en Bolsa 120.000 millones, y debería alcanzar los 140.000 cuando en 2018 ganemos cerca de 10.000 millones de euros”, aseguró Botín proyectando, con indisimulado orgullo, las cifras sobre una improvisada pantalla. “Tenemos que seguir haciendo la banca simple: tomar ahorro y prestar; simplemente. Este verano lo recordaba en un artículo John Stumpf, presidente de Wells Fargo, que he repartido a todos los ejecutivos del banco”.

Emilio Botín, siempre optimista, siempre positivo, divisaba una mejora en la evolución económica: “El Gobierno ha hecho un trabajo fantástico, sobre todo en la complicada reforma bancaria y en el conflicto catalán. Veréis como el año que viene estamos bastante mejor. Vamos a mejor terminantemente: todo está subiendo, todo mejora; mirad las primas de riesgo y el coste de los seguros bancarios”. En España proyecta ganar 3.000 millones hacia 2018, y a recuperar terreno relativo en Brasil y EE UU. “Nuestra intención es meter allí más dinero, y si es posible, en Reino Unido, donde ya tenemos la mejor cartera hipotecaria del país y saldremos a Bolsa en unos años”.
Para zanjar la cuestión de Catalunya Banc, aseguró que “ofrecimos 300 millones y creemos que no vale más”. Eso sí, y a propósito de la consolidación bancaria nacional: “Si surgen oportunidades, incluida Bankia, seguiremos mirándolas”.

El optimismo se mitiga al hablar de Europa. “Me preocupa la división política, la necesidad de poner de acuerdo a 18 o 20 para tomar una decisión: menos mal que está la señora esta en Alemania”.
Mostraba en Milán una preocupación explícita por el fenómeno Podemos, no tanto por la opción legítima que representa como por la inestabilidad política que puede generar. “Lo de Podemos es muy preocupante. No me cabe duda alguna de que, llegado el caso, con Rubalcaba el PSOE habría hecho Gobierno de coalición con el PP; y tampoco tengo dudas si liderase el partido Susana Díaz; con Pedro Sánchez, aunque no he hablado con él, creo que tampoco habría problema”. “Podemos lo tiene más fácil porque no tiene pasado, y nadie le pide cuentas de lo que cuesta y supone cada cosa que proponen, y que alguien debería explicar”.

Valoró el tacto con el que Rajoy está capeando la embestida soberanista de Cataluña. Y recomendó “mantener a Mas hasta el 9 de noviembre como sea, sin ceder ni un ápice a sus pretensiones, porque no se puede. Y negociar después unas cuantas cosas, que es cuestión de dinero y que no afectan a la estabilidad jurídica, para dar una salida a Cataluña”.