Tribuna

La historia de un éxito

Hablar de Emilio Botín es hablar del grupo Santander, no solo el mayor grupo bancario de la eurozona, sino además un referente a nivel mundial, que incluso ha alcanzado varios años el pódium del mejor banco del mundo.

Emilio Botín ha sido pieza clave en la expansión de la entidad. La constante ganancia de eficiencia y la internacionalización y diversificación del negocio son dos de los motivos fundamentales que explican el éxito de Banco Santander, que ha sabido generar beneficios de forma recurrente incluso en épocas de crisis. La diversificación reduce el riesgo, y esa es una premisa que se aplica a la gestión del Santander.

Botín llevaba la banca en las venas. Siguiendo la estela de sus antepasados –su padre y abuelo ya presidieron el banco–, fue el presidente durante más de 25 años de Banco Santander, entidad con más de 150 años de historia, fundada en 1857 en la ciudad de Santander y que ha ido arañando cuota de mercado hasta convertirse en un grupo internacional con presencia en decenas de países.

De la mano de su último presidente, el banco pasó de ser un banco de Santander a Banco Santander, comenzando su expansión internacional y protagonizando varias de las fusiones bancarias más importantes que se han producido en España: la compra de Banesto en 1994, que lo convirtió en el primer banco de España, y la fusión en 1999 con el Banco Central Hispano para crear el Banco Santander Central Hispano, que pasó más tarde a denominarse Banco Santander.

Entre medias, continuó su expansión por Latinoamérica y por Portugal. Ya en los años 2000, prosigue la ampliación del grupo en Latinoamérica; se constituye Santander Consumer (nueva franquicia de banca de consumo); compra el grupo Abbey (sexto banco de Reino Unido); en 2005 adquiere el 19,8% del banco estadounidense Sovereign Bancorp; en 2007 tiene lugar la incorporación de Banco Real de Brasil; en 2008 sigue creciendo en Reino Unido convirtiéndose en el tercer banco del país en depósitos y el tercero del mundo en resultados.

Finalmente, en los últimos cuatro años no ha dejado de crecer, adquiriendo Sovereign en Estados Unidos, un banco en Polonia y en 2013 se produce la fusión por absorción de Banesto y Banif.

Durante la presidencia de Emilio Botín, en 1989 el banco rompió el oligopolio hasta entonces existente, iniciando un ataque a la competencia en precios con la famosa supercuenta. Y desde que Botín tomara las riendas del banco, el precio de la acción se ha multiplicado por 30.

Las grandes cifras del grupo Santander son la mejor carta de presentación del legado que deja su presidente: 1,3 billones de euros de activo; 102 millones de clientes; 187.000 empleados; 14.392 oficinas; 3,3 millones de accionistas; 63.000 millones de valor bursátil; cuarta marca financiera más valiosa del mundo, etc.

Pero no solo es en el ámbito financiero donde brilla Banco Santander, sino también en su vocación social, donde merece ser destacado su apoyo al mundo universitario, con más de 1.000 convenios y patrocinios con universidades. Y como presidente de la Fundación Marcelino Botín, una de las primeras instituciones privadas españolas dedicadas al fomento de la investigación, conservación del patrimonio histórico y desarrollo de las ciencias sociales. Banco y fundación tienen acuerdos con universidades que agrupan a más de siete millones de estudiantes de España, Portugal e Iberoamérica, y con prestigiosos centros de investigación.

Con este inmenso legado, se entiende que la voz de Botín fuera escuchada y respetada allá donde se oía. Su presencia era dominante en los círculos del poder. Quienes le conocían, dicen de él que no tenía horarios y días festivos y que su objetivo era que “su banco” –era el mayor accionista individual de la entidad– fuera el mayor de todos los mercados en los que compite. Y a juzgar por los hechos, se puede decir que ha sido eficaz en el cumplimiento de ese objetivo. Su habitual chaqueta y corbata roja eran la mejor carta de presentación de Banco Santander. Seguramente, el logotipo del banco sea el reflejo del alma de su presidente: la llama evoca la S de Santander y como la propia entidad reconoce, “transmite triunfo, liderazgo, lucidez y dinamismo”. Y el color rojo que “impregna todos los elementos de comunicación con fortaleza, energía y determinación”. Si la cara es el espejo del alma, el logo del Santander es la de su presidente.

Si empresario significa emprender, Emilio Botín era su exponente. “Los negocios son un juego y al final gana el mejor”. Está claro que ha ganado y estoy convencido de que ha disfrutado durante muchos años del juego. Mi admiración y respeto. Descanse en paz.

Joaquín Maudos es catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia, investigador del Ivie y colaborador del CUNEF.