Alberto Méndez, fundador y presidente de BQ

“Sin grandes inversores, hemos comprado libertad”

Su última apuesta son las impresoras 3D

Alberto Méndez, fundador y presidente de BQ
Alberto Méndez, fundador y presidente de BQ

La pasión de Alberto Méndez (Madrid, 1979) es crear productos desde la nada. Y esta es la idea que quiere trasladar a la empresa que lidera, BQ. Un proyecto en el que Méndez, ingeniero de Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Madrid, se embarcó en 2005, cuando puso en marcha la empresa junto con otros cinco compañeros de estudios. Nueve años después, el futuro de la compañía parece más brillante que nunca con el lanzamiento de la impresora 3D Witbox, de la que espera fabricar 6.000 unidades antes de que acabe 2014. Si en 2009 facturaban 1,5 millones de euros, ahora llegan a 115, con una ebitda “en torno a los 10 millones”, según Méndez. Ascenso también visible en cuanto al número de empleados, que ha pasado de 150 en 2012 a 700 en la actualidad.

Pregunta. La compañía ha crecido mucho en los últimos años. ¿En qué situación se encuentra?
Respuesta. Ahora mismo ya cubrimos todas las etapas de desarrollo del producto, incluyendo el desarrollo de hardware y software, tanto para tabletas como para lectores, teléfonos inteligentes e impresoras 3D. Hemos pasado de un modelo de negocio en el que encargábamos los productos e intentábamos mejorarlos posteriormente a otro en el que hacemos todo el proceso desde el comienzo.
P. ¿A qué se refiere?
r. Hay muy pocas compañías que puedan desarrollar sus productos. Lo pueden hacer porque cuentan con grandes mercados, sobre todo en EE UU. Allí existe un mercado potencial enorme, de 300 millones de personas. Por eso empezamos encargando y personalizábamos nuestra oferta. Sin embargo, sí es posible hacerlos desde cero en el caso de los smartphones, porque se venden cientos de miles de unidades en España. En este caso la facturación compensa los centenares de miles de euros que cuesta invertir en el producto. Así que lo que hemos hecho es ahorrar para invertir y hacer estos teléfonos desde cero. Nuestros inicios han sido de emprendedores, sin ningún gran capital detrás, e ir ahorrando cada año para invertir y hacer algo cada vez más propio. Siempre digo que hemos comprado nuestra libertad.
P. ¿Siguen financiandose con sus propios productos?
r. Toda la financiación es nuestra.
P. ¿Y no piensan permitir la entrada de inversores externos?
r. Es verdad que nuestro mercado es cada vez más exigente, y hay que reinvertir los beneficios constantemente para seguir competiendo. De momento, nos financiamos bien con lo que tenemos. Pero es verdad que las economías de escala en el hardware son exigentes. Si surge alguna oportunidad tendremos que analizarla.
P. Algunos fabricantes españoles han competido con productos más baratos. ¿Es el caso de BQ?
r. Si te orientas a bajar el precio, al final el consumidor encuentra otro producto más barato. Esto no es sostenible. Nuestra relación implica dar un gran servicio, además de artículos únicos, hechos en España. El público debe valorarte por todo lo que no es el precio. Si no te diferencias, el cliente te abandonará.
P. ¿Qué porcentaje de la facturación se destina a la investigación y al diseño de nuevos productos?
r. Ahora mismo dedicamos el 5%. Empezamos invirtiendo poco, porque encargábamos los diseños e intentábamos adaptarlos a aquello que nos pedían los clientes, pero hemos llegado a un punto en el que ya somos capaces de diseñarlos desde cero. Si no hiciéramos esto, estaríamos muertos. Así que primero nos dedicamos a distribuir artículos y posteriormente empezamos a cambiar características del producto. A medida que hemos contado con más recursos hemos podido invertir en todas las fases del proceso productivo.
P. ¿Hacia dónde evolucionará el modelo de negocio de BQ?
r. Nuestra vocación es construir desde la nada. Hay muy pocas compañías que quieran hacerlo, porque es costoso y hay más riesgo porque requiere una inversión mayor. Pero nos lo pide el cuerpo. Otras empresas se dedican a la distribución, que no está mal y es lo que hacíamos al principio. Pero deseamos crear algo desde cero, porque somos una empresa de ingenieros. Hacemos lo que queremos y lo que nos piden nuestros clientes.
P. Ensamblan los productos en Taiwán o en China, ¿no puede suponer un inconveniente para asegurar la calidad del producto?
r. No, no es un problema. Hasta el punto de que toda la electrónica de consumo, empezando por Apple, está en el mismo sitio. Ellos emplean a Foxconn. El tema de China y Taiwán es porque todo el ecosistema del hardware está allí. Todas las pantallas se hacen allí. Allí está todo. La clave está en diferenciar lo bueno de lo malo. E involucrarte para que no haya líos.

“La gente compra si son cosas geniales”

P¿Hacia dónde quieren ir en su empresa?
R Si fabricas cosas geniales y un servicio increíble, la gente compra, escucha, recomienda, quiere distribuir tu marca en otros sitios. Estamos aquí para diseñar productos y controlar la producción. Y estar aquí cuando erremos. Ese es el negocio.

P¿Qué papel juegan las impresoras 3D que fabrican en el modelo de negocio?
R Son una gran revolución, porque pones al alcance del gran público la capacidad de crear prototipos con rapidez. Antes, cualquiera que concibiera uno tenía que mandar el boceto a una empresa para que imprimiera el diseño. Tenías que esperar dos meses y las tiradas eran cortas y caras. Ahora, con las impresoras 3D es fácil prototipar y hacerlo con un coste menor. Son, además, tan pequeñas como para tenerlas en un despacho y por menos de 1.500 euros.

P¿En qué mercados piensan comercializarlas?
R Las hemos empezado a vender en los continentes americano y europeo. También en la región eurasiática, y tenemos que ir a Japón. Falta llegar además a Oriente Medio y a Dubái... Es el primer producto que fabricamos desde cero en España.

P ¿Cómo surgió la idea de realizar toda la producción de las impresoras 3D en Navarra?
R Porque el entorno es adecuado para el producto. El norte de España es fantástico en cuanto a la metalurgia. No tienes desventajas respecto a China. También son muy competitivos en componentes mecánicos y electromecánica. Y todas las cosas exteriores del producto son de plexiglás alemán. Además, es una máquina que pesa 30 kilos.Tienes que cargarla en un barco, así que los costes de envío son mayores que los de un aparato de 200 gramos.