Editorial

El atractivo de lo pequeño para invertir

El extraordinario desempeño de la deuda soberana española, que se acerca al punto de que los inversores paguen por prestarle dinero al Tesoro y ya cotiza por debajo de la rentabilidad de la de EE UU, proporciona entre otras cosas menores costes de financiación para el Estado y, por tanto, más ahorro para luchar contra el déficit; mejor acceso a la financiación en los mercados de capitales para las empresas; hipotecas más baratas siempre que no sufran cláusula suelo... Pero el impacto más visible es que la inversión en renta variaba gana atractivo. La escasa rentabilidad de los productos de renta fija llevará a los inversores a otros destinos para sacar partido a sus inversiones y aquí, la Bolsa es la gran beneficiada.

Ante esta situación, el objetivo seguirá estando en los grandes valores que aseguran la rentabilidad y ausencia de sobresaltos. No obstante, las buenas perspectivas abren el camino a nuevas posibilidades y, entre ellas, destacan con brillo las posibilidades que ofrecen los pequeños valores. Los mid caps y los small caps sufren más que los grandes en momentos de turbulencias bursátiles, pero también suelen ir un paso por delante del ciclo y se benefician de la recuperación económica antes de que esta llegue.

En los últimos tiempos parece que se ha despertado cierto interés por estas compañías más pequeñas, y hay varias razones para ello. Una a tener en cuenta es que hay pequeñas compañías que nadie está mirando, que son negocios estupendamente gestionados y con un futuro prometedor y se convierten en joyas para invertir. Sin embargo, antes de lanzarse a comprar valores de pequeña y mediana capitalización hay que tener en cuenta las ventajas y los inconvenientes que estas compañías tienen respecto a los blue chips.

Invertir bien es adelantarse a los demás, por eso la primera característica a tener en cuenta de los medianos y pequeños valores es precisamente la citada de que en momentos de recuperación económica, como el actual, empiezan a hacerlo mejor antes que los grandes. Igualmente, y debido precisamente a su tamaño, son empresas más flexibles, pero también más susceptibles a los movimientos corporativos y objetivos naturales de fusiones y compras con prima.Los expertos destacan que muchas de estas compañías operan en sectores con fuertes barreras de entrada, lo que en ocasiones las convierte en líderes con escasa competencia y asegura sus resultados.

Otra característica muy a tener en cuenta por el inversor es que la liquidez de estas empresas es siempre menor que la de las grandes, lo que hace más difícil dos cosas: comprar paquetes de acciones grandes y, sobre todo, venderlos. Una característica esta que no solo hay que tener en cuenta para los paquetes grandes de acciones, sino también para los muy pequeños, sobre todo cuando se trata de la venta.

Es uno de los aspectos negativos a considerar por los inversores, igual que la carencia de análisis, ya que precisamente la baja liquidez hace que muchas empresas queden fuera del foco de los grandes gestores y de los análisis e informes de las casas de Bolsa. Además, conviene extremar la cautela al seleccionar valores, ya que entre los pequeños hay muchos dominados por inversores de perfil especulativo, que no se mueven por motivos fundamentales de la compañía y disparan la volatilidad de la cotización. En la misma línea, no hay que perder de vista que en situaciones difíciles son valores que suelen comportarse peor en Bolsa que los grandes y, en muchas ocasiones, tienen un balance menos sólido y más inestabilidad en los resultados. Esto, que es un inconveniente porque se pueden dar fuertes descensos de resultados, supone una ventaja para los inversores más arriesgados, ya que también pueden presentar fuertes mejoras.

En el abanico de los valores de mediana y pequeña capitalización hay compañías muy recomendables, que ofrecen importantes potenciales de revalorización basados en negocios especializados en nichos de mercado, situación de deuda saneada y buenas remuneraciones al accionista, pero también valores que los expertos no ven con buenos ojos. Suelen ser los de baja liquidez, que de vez en cuando sí tienen volumen, pero de alta volatilidad y en los que los movimientos son muy violentos. Esto complica la gestión del riesgo, y será el inversor el que decida cuánto está dispuesto a asumir.