Editorial

El turismo va bien, no lo estropeen

El número de turistas internacionales llegados a España aumentó un 5,9% en julio, lo que sitúa ese mes como el mejor de la historia, solo por detrás del extraordinario agosto del año pasado. El dato, adelantado ayer en su tierra canaria por el ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, confirma que 2014 se dirige a completar un nuevo récord de la principal industria del país y motor básico para la recuperación. Así lo indican los 36,3 millones de visitantes recibidos entre enero y julio, máximo histórico en ese periodo. Francia, que a pesar de la debilidad de su economía –o tal vez por ello, dada la cercanía de la frontera– encabeza el crecimiento entre los grandes emisores, y Reino Unido, principal fuente de turistas hacia España, consolidan un año que va camino de ser brillante. Pero no es oro todo lo que reluce. Las llegadas desde Alemania, el tercer gran emisor de viajeros hacia España, han bajado (–1,1%), probablemente como respuesta a la desaceleración de su economía, aunque conviene no olvidarse del atractivo que empiezan a ejercer sobre los principales mercados emisores los destinos competidores, como Croacia, que con la mejora de la seguridad han ganado atractivo tanto en servicio como en precio.

Una prueba más de que no hay nada seguro para siempre es la desaceleración del pujante mercado ruso. La bajada del 2,1% en los turistas procedentes de aquel país tiene que ver con la debilidad del rublo frente al euro en este periodo, pero no hay que descartar el impacto de la guerra comercial de la UE con Moscú a la hora de elegir destino.

Los datos de la encuesta sobre movimientos turísticos en frontera, Frontur, que hoy difundirá el ministerio, reflejarán que las llegadas en julio aumentan en todas las autonomías, con Cataluña y Baleares liderando la lista. Y es precisamente en estas dos comunidades donde han sonado alarmas sobre a dónde se dirige parte del sector. Los excesos de los visitantes extranjeros en ciertas áreas de Cataluña, incluida la capital, o los incidentes que un día sí y otro también protagonizan en zonas de Baleares, con la etiqueta de Magaluf como modelo de lo que no hay que hacer, no son solo responsabilidad de los viajeros. Un muy mal entendido concepto del negocio hace que algunos empresarios de reprobables miras cortoplacistas estimulen un modelo turístico que es el peor: el de toma el dinero y corre.

Hace tiempo que está de moda criticar el turismo de sol y playa. Es un grave error. Porque sol y playa es lo que tenemos en España, nuestra gran materia prima. Y es de una calidad tal que puede competir con cualquier destino del mundo, con el añadido de que España cuenta con el saber hacer más desarrollado y los profesionales mejor formados del mundo en esta actividad. Otra cosa es cómo se entienda este tipo de turismo, que dicho sea de paso es perfectamente complementario con otras modalidades tan crecientes como el rural, el de naturaleza o el gastronómico, y muy compatible con el cultural, esa otra gran materia prima que ofrece España a los visitantes. En Las Palmas de Gran Canaria el ministro también desveló ayer que las llegadas de turistas a la región han crecido un 8,8%, a la vez que pedía a la Administración autonómica “sensatez, cordura, responsabilidad y sentido común” ante el divorcio institucional que esta ha planteado con el Gobierno central a cuenta de las prospecciones petrolíferas. Este pulso es otro ejemplo de cómo hacer las cosas mal, cuando llevado con inteligencia y rigor el proyecto es perfectamente compatible con el turismo.

Las empresas del sector acarician este verano con agrado ocupaciones que en muchas zonas se acercan al 100%. Y todo indica que agosto va a cerrar en niveles de crecimiento parecidos a los de julio, lo que conformará una temporada alta de récord. De hecho, las contrataciones para los próximos meses están por encima de las previsiones. El camino está recorrido en parte, pero hay que eliminar graves errores como los citados. El turismo va bien, de hecho va muy bien, porque el gasto por turista también crece. Es deseable que todos los responsables, desde las autoridades centrales, autonómicas y locales hasta los empresarios de los múltiples negocios relacionados con la actividad, pasando por los empleados del sector, comprendan que en sus manos está el futuro de nuestra gran industria.