Propone un plan de inversión de 300.000 millones

Juncker logra una mayoría aplastante para presidir la CE

El presidente designado de la Comisión Europea, el conservador luxemburgués Jean-Claude Juncker, durante el debate de su elección. Ampliar foto
El presidente designado de la Comisión Europea, el conservador luxemburgués Jean-Claude Juncker, durante el debate de su elección. REUTERS

El Parlamento Europeo aprobó hoy, por 422 votos a favor, el nombramiento de Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea. El candidato del Partido Popular Europeo logró el apoyo de su grupo y de la inmensa mayoría de los socialistas y liberales. Eurodiputados españoles de esos dos grupos se desmarcaron y votaron en contra o se abstuvieronNunca antes había conseguido un aspirante a presidir la Comisión el apoyo de tantos europarlamentarios.

“No puedo imaginarme que alguien más votara hoy por mí”, se admiró Juncker tras ser elegido presidente de la Comisión por 422 votos a favor, cifra que marca un récord en relación con sus predecesores (Barroso, 382 en 2009 y 413 en 2004; Prodi, 392 en 1999; y Santer, 260 en 1995).

Juncker logró el respaldo de su propio grupo y de los socialistas y liberales con un programa de trabajo de marcada continuidad en relación con el de José Manuel Barroso, pero en el que el luxemburgués ha incluido algunos guiños para contentar a las diferentes sensibilidades de la Eurocámara.

“No puedo pretender que la historia de Europa comienza conmigo o que estamos ante una nueva e increíble fase”, reconoció Juncker, consciente de que su aplastante victoria se debe en parte al deseo de los europarlamentarios de consagrar un modelo de elección que, tras las elecciones del 25-M, ha trasladado de facto de las capitales al Parlamento Europeo la responsabilidad de elegir a los próximos presidentes de la Comisión.

“La historia demuestra que cuando un Parlamento asume una competencia, ya no la pierde”, celebró el socialista Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo. “Espero que no se repitan los insanos debates que hubo en el Consejo tras el 25-M”, añadió Schulz en alusión a las maniobras del primer ministro británico, David Cameron, para intentar abortar la candidatura de Juncker. La estrategia contó al principio con la complicidad de Berlín, pero la canciller alemana, Angela Merkel, dio marcha atrás ante las protestas de la opinión pública alemana por el intento de pucherazo institucional.

Sánchez dijo no

A pesar de la amplia mayoría, Juncker cosechó también 250 votos en contra, una cifra que representa un tercio de la eurocámara (751 escaños). El rechazo parece unánime entre los grupos de los conservadores (creado por Cameron), en Izquierda Unitaria y en el de los euroescépticos, así como entre la extrema derecha de Marine Le Pen (que no dispone de grupo propio). Pero la candidatura de Juncker también provocó disidencias en las filas socialistas y liberales, entre los eurodiputados o delegaciones que la consideran demasiado continuista con las políticas aplicadas por la Comisión Europea durante el último lustro.

Los socialistas españoles (14 escaños) recibieron la consigna expresa de su nuevo secretario general, Pedro Sánchez, de votar en contra de Juncker, un rechazo compartido por laboristas británicos (20 escaños), mientras que los franceses (13) optaron por abstenerse. En la delegación española de los liberales, dos de los eurodiputados de UPyD anunciaron su intención de votar a favor de Juncker y otros dos de abstenerse. El eurodiputado de Convergéncia también optó por la abstención. En total, hubo 47 votos en blanco y 10 nulos.

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Inversiones y transparencia para ganar apoyos

El discurso de investidura de Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea incluyó guiños económicos destinados a captar el máximo de votos entre las filas socialistas y liberales e, incluso, de los Verdes. El luxemburgués solo se fijó un límite: “No quiero el voto de la extrema derecha”, subrayó tanto en el pleno del Parlamento como en la rueda de prensa posterior.

Hacia la bancada socialista, Juncker dirigió sus promesas de un programa de inversión con el que “intentaremos movilizar 300.000 millones de euros en dinero público y privado durante los próximos años”. El ex primer ministro de Luxemburgo no concretó la procedencia de ese dinero, pero consideró factible obtenerlo mediante “un uso más eficaz del presupuesto de la UE y del Banco Europeo de Inverisiones (BEI)”.

Juncker también ofreció cierta flexibilidad en la aplicación del Pacto de Estabilidad, en una clara señal hacia los 31 socialistas italianos, pero sin modificar ni un ápice las normas vigentes. Además, planteó la posibilidad de ampliar de 25 a 30 años la edad de los trabajadores que podrán acogerse a la llamada Garantía Juvenil. Para los liberales guardó las consignas sobre transparencia, en las que abogó por convertir en obligatorio el actual registro voluntario de grupos de interés (lobistas) que se relacionan con las instituciones europeas. Y hacia los Verdes, en particular hacia Francia, ofreció el endurecimiento del sistema actual de aprobación de los OGM.

El resto del programa de trabajo fue la reiteración de iniciativas ya en marcha, como el acuerdo de comercio con EEUU, el impulso a la reindustrialización, la integración del mercado energético o el desarrollo de la economía digital.