Editorial

El gancho de la inversión inmobiliaria

La compra del centro comercial Nassica en Madrid, propiedad de British Land, por parte de la sociedad de capital riesgo KKR, constituye la última operación hasta el momento del desembarco de inversión extranjera que se está produciendo en el sector inmobiliario español. La venta, por un precio cercano a los 100 millones de euros, incluye también la adquisición del Parque Comercial Vista Alegre, en Zamora, y todo apunta a que se cerrará definitivamente el mes que viene. KKR, que constituye una de las mayores sociedades de capital riesgo del mundo, participa en varias empresas españolas: desde Saba Infraestructuras, la fotovoltaica T-Solar y el proveedor de servicios aéreos de emergencia Inaer, hasta la siderometalúrgica Grupo Alfonso Gallardo. El centro comercial que ha adquirido en Madrid aloja 26 restaurantes y 20 salas de cine, además de un establecimiento Carrefour, un Factory y 2.600 plazas de parking.

La compra de Nassica se suma a la ola de operaciones que se han llevado a cabo en lo que va de año en el segmento de los centros comerciales. Así ha ocurrido en Ceuta, con un centro adquirido por el fondo HIG a Morgan Stanley, al que hay que unir una cartera de otros ocho establecimientos comerciales en distintas localizaciones geográficas, o el mayor centro de estas características de Galicia: Gran Vía, en Vigo.

El flujo de inversores atraídos por el ladrillo ha ido creciendo desde el verano de 2013. Si la primera fase de ese movimiento ha sido liderada por fondos de inversión, especialmente por fondos de capital riesgo, todo apunta a que a lo largo de este año comenzarán a posicionarse perfiles que ofrezcan mayor vocación de permanencia. Es el caso de los fondos de pensiones y las aseguradoras, cuyos objetivos de rentabilidad van más allá de los tres o cinco años que suelen buscar los inversores más oportunistas. La clave para que ello suceda está fundamentalmente en el precio. Esa variable es el gancho que ha convertido a España en una opción de inversión mucho más atractiva que otros países de nuestro entorno, en los que la corrección del mercado inmobiliario ha sido muy inferior, como Francia o Irlanda.

Este flujo de inversión estable debería ir acompañado también, antes o después, de una normalización de la demanda interna en España. Un proceso en el que están llamadas a jugar un papel fundamental nuevas figuras para canalizar la inversión, como las Socimi, que ofrecen ventajas a los pequeños ahorradores. Estos regresarán al mercado del ladrillo a medida que se consolide la recuperación económica, pero también cuando el mercado de crédito vuelva a ejercer de forma plena su papel de alimento constante del crecimiento y de la creación de riqueza en España.