Tribuna

Felipe VI y Letizia, dos profesionales a trabajar

Felipe VI comienza su reinado con un discurso como el mar, plano y profundo, y sin brillos, casi aburrido, dirigido a las Cámaras y no a las cámaras, pero sí a los espectadores, lleno de buenas intenciones pero también de sentido común. Con esto último, me basta.

 El repetido y fácil Borbón y cuenta nueva no por poco imaginativo queda fuera del mensaje. Porque tras un justo reconocimiento a Juan Carlos (voluntaria y acertadamente ausente en acto de las Cortes) y muy en especial a la reina Sofía, Felipe VI quiso dejar sentado, antes que nada, que comienza el reinado como un Rey constitucional, no como su padre.

Y que, además, en su voluntad está “buscar la cercanía de los ciudadanos, saber ganarse continuamente su aprecio, su respecto y su confianza; y para ello velar por la dignidad de la institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente…”, un listado de intenciones que en gran parte parece el de virtudes perdidas por la Corona.

Se trata de un plan exigible, porque los ciudadanos quieren en el jefe de Estado un referente de ética y ejemplaridad, pero también en su entorno… algo en lo que Felipe debe mejorar a su predecesor, cuyas principales sombras se han manifestado a la hora de elegir, o rechazar, ciertas proximidades y las consecuencias de ello.

La Monarquía parlamentaria que Felipe propone es “abierta y comprometida”, pero sobre todo “renovada” y “para un tiempo nuevo”. Para ello debe convencer a los jóvenes más críticos con la institución en los últimos 40 años. La generación de Felipe y Letizia hereda el éxito colectivo de la convivencia, y hacen bien en comprometerse a trasmitirlo a las futuras generaciones, pero también en incluir a los ciudadanos en el compromiso de mejorar ese legado y acrecentar el patrimonio de libertades y derechos. Revitalizar las alicaídas instituciones, potenciar el bien común y fortalecer la democracia no son labor solo del Rey, sino de toda una generación.

En el discurso del Rey no aparece ni una vez la palabra paro. Y eso está bien, porque sí aparece la palabra empleo, “una prioridad para la sociedad y para el Estado”. Pero va más allá, y ofrece “cercanía y solidaridad a todos aquellos ciudadanos a los que el rigor de la crisis económica ha golpeado duramente hasta verse heridos en su dignidad como personas”. Eso es más que la falta de trabajo. Y lleva de la mano el compromiso de protección a las personas y a las familias más vulnerables.

En esa España renovada, propone trabajar juntos y con lealtad “todos” los territorios, en un proyecto integrador: “unidad no es uniformidad”. Pero no como proyecto teórico. En el siglo de la transformación permanente, los nuevos desafíos exigen el trabajo de todos. Y así lo recuerda a los poderes públicos (“a los que corresponde liderar y definir nuestros grandes objetivos nacionales”), pero también a los ciudadanos, con “su impulso, su convicción y su participación activa”. “Es una tarea que demanda un profundo cambio de muchas mentalidades”. Esa petición integradora, responsable y contra el conformismo y la resignación renueva el “aquí cabemos todos o no cabe ni Dios” de los días más intensos de la Transición.

En el siglo del conocimiento, la cultura y la educación, Felipe ha agradecido la enseñanza a sus “maestros y profesores”, ha citado como autoridades a Machado, Espriu, Aresti, Castelao y El Quijote, y ha puesto la economía del conocimiento como vía al empleo y al futuro. Porque en su compartible opinión, hoy son las nuevas tecnologías, la ciencia y la investigación las verdaderas creadoras de riqueza. Así como la innovación, la capacidad creativa y la iniciativa emprendedora –que tanto apoyo requiere– son imprescindibles para salir de esta eterna crisis y acometer el desarrollo y el crecimiento. Ese es el camino para asegurar el progreso y la modernización y, en opinión del nuevo rey, para ganar la batalla por la creación de empleo, la principal preocupación de los españoles. Los guiños al medio ambiente, el papel de España en Europa, los lazos con Iberoamérica y los vínculos con el Mediterráneo y Oriente Medio dan idea de por dónde van otras líneas de futuro.

El Rey se presentó como un profesional, a trabajar (su traje militar es el de gala en su oficio como capitán general de los Ejércitos). Le hemos pagado una gran formación y debe demostrar que está bien invertida. La reina Letizia tiene ante sí también un gran trabajo. Profesional de la comunicación, algo que lleva en sus genes, le será de gran ayuda si no temen a la transparencia. A quienes decían que el acto en las Cortes parecía un NODO de hace 40 años, que comparen el número de mujeres. Sin olvidar a la Princesina de Asturias.