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El camino que debe seguir el PSOE para volver al poder

El PSOE está desesperado porque ve como cada vez que hay una convocatoria electoral la tierra tiembla bajo sus pies, como pierde apoyo cada vez que se enfrenta a un sufragio. Sabe que debe transformarse, pero no debe hacerlo de cualquier forma. Las metamorfosis absolutas no son buenos caminos para volver al poder.

Los pasos de los años y de generacioones cambian la naturaleza de las formaciones políticas, como ha pasado con Convergencia Democratica de Cataluña desde que hace cuarenta años fue una pieza clave en la gobernabilidad de España, en la recuperación de la democracia y en la construcción del andamiaje constitucional. Ahora, de repente, parece aferrarse a otra cosa, a otro proyecto que reniega de casi todo cuando ayudó en el pasado. Y lo hace hasta el punto de que una muy buena parte de su respaldo electoral ha renegado de los nuevos planteamientos. Las metamorfosis deben ser lentas y comedidas, nunca de 180 grados.

El Partido Socialista debe mirar en el espejo de Convergencia para afrontar su proceso de renovación, de búsqueda de un liderazgo que le devuelva a la pelea por al poder. El propio Rubalcaba esta semana ha dado una pequeña lección de cómo debe comportarse un partido de gobierno, un partido que forma parte del eje sobre el que rota el globo político nacional, pese a que su alma piense de forma diferente. Debe apoyar a la monarquía por respeto a lo bueno que se ha hecho en cuarenta años y por evitar las aventuras políticas que no se sabe donde terminan, y que sería más propio de partidos cuasi revolucionarios.

El congreso que tiene convocado ahora, y que debe subsanar lo que en 2012 no terminó de arreglar, debe renovar el liderazgo y la manera de relacionarse con la calle; pero debe respetar las esencias del PSOE: las del pasado remoto y las del pasado reciente, esas que le ligan con el citado eje terráqueo de la gobernabilidad. Por ello debe girar hacia la izquierda con cautela, sin prisa, buscando juventud y buscando poner en su sitio a las nuevas opciones polítcas que con formatos menos democráticos de lo que ellos dicen se están haciendo con un pastel creciente de representatividad política.

Pero quien lidere el PSOE debe conservar el anclaje con la disponibilidad para gobernar, algo que no tiene todo el mundo, para poder hacer un viaje de vuelta hacia el centro sociológico no en las próximas elecciones, sino en las siguientes (2019), y disputar los cuatro millones de votos que hay en el centro al Partido Popular. Esos cuatro millones de votos son los que dan y quitan gobiernos, los que se lo dieron a Rajoy hace dos años largos, y los únicos capacitados para hacerlo de nuevo con ese partido o con uno socialista moderado.

El experimento de Zapatero debe enseñar unas cuantas cosas, y entre ellas, esa: aventuras, las justas, puesto que viajar a la radicalidad puede ayudar a un partido un día, pero luego puede enterralo para una década entera, como ahora. Por tanto, el PSOE no puede adjurar de su pasado, aunque inicialmnente le cueste en términos electorales; debe cambiar, pero debe seguir ofreciendo la posibilidad de gobernar sin radicalidad. Debe ser una laternativa de gobierno y de oposición razonable. España no está ni en la situación de interinidad de Italia, ni en la situación desesperada de Grecia como para enterrar a partidos centenarios para cambiarlos por experimentos radicales.

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