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Turbulencias en Lufthansa

Los problemas de Lufthansa van mucho más allá del error en los ingresos de 2014 que acaba de obligar al grupo a reducir sus previsiones de beneficios. El ambicioso programa de reducción de costes de la aerolínea alemana a medio plazo, Score, también está en ruinas. Lo mismo sucede con la credibilidad de Lufthansa de cara a los inversores.

El nuevo consejero delegado Carsten Spohr, que asumió su cargo hace seis semanas, no podría haber tenido un peor comienzo. Ni siquiera puede culpar a su antecesor, ya que Spohr fue anteriormente el jefe de la división de negocio de pasajeros de Lufthansa, principal causa de los problemas.

La compañía apunta a unos ingresos más débiles de lo esperado en las rutas de larga distancia, provocados por la presión de los precios y una mayor competencia por parte de las compañías del Golfo.

Aún más inquietante es que sean los asientos premium, los que tienen más margen para la compañía, los que están particularmente afectados.

En cualquier caso, Spohr ahora tendrá que doblar la reducción de costes.

Las perspectivas demasiado ambiciosas de gastos de capital de la aerolínea tendrán que ser recortadas. Lufthansa tenía planes grandiosos para encargar más de 250 nuevos aviones, por valor de 32.000 millones de euros –un derroche de dinero que no puede permitirse–. Esto mete a Spohr en un problema. La estrategia a largo plazo depende de unos aviones mayores y más eficientes. Será necesario un replanteamiento fundamental si la aerolínea tiene que escatimar en la inversión.

La carga más grande es que la última corrección de las previsiones confirma una vez más que la reputación de Lufthansa es excesivamente prometedora y cumple con pocos objetivos. El fallido programa Score estaba destinado a poner fin a esa trayectoria. Tras el accidentado aterrizaje de Spohr, Lufthansa necesita otro nuevo comienzo. No será el más fácil.