Tribuna

Alternativas a la financiación bancaria

En estos momentos en los que se empieza a vislumbrar la recuperación económica en España y las empresas necesitan volver a invertir, es preciso encontrar fuentes de financiación para la economía. Sin embargo, en los últimos años, el crédito bancario ha descendido un 56%, pasando de los más de 900.000 millones de euros en 2008 a menos de 400.000 en los últimos 12 meses y, aunque los bancos han retomado sus propuestas de financiación, el volumen de nuevas operaciones sigue en niveles excesivamente reducidos.

Esta situación tiene como punto de partida la sobredependencia de las empresas al crédito bancario. España es uno de los países con mayor peso de financiación bancaria, en torno al 70%, alejado de otras culturas económicas que sí fomentan otras alternativas de financiación. Si buscamos otras referencias internacionales, la relación de la financiación tradicional baja al 50% en algunas potencias europeas y se reduce en EEUU hasta el 30%, ejemplos de que la banca no es la única opción para financiar el desarrollo empresarial.

Por este motivo, y dentro del Memorándum de entendimiento, el Gobierno se comprometió con la UE en 2012 a establecer unos mecanismos de financiación alternativos para reducir la influencia de los bancos entre las empresas españolas. Entre otros, se han desarrollado mecanismos específicos para impulsar la emisión de pagarés y bonos en el mercado alternativo de renta fija (MARF) y se ha flexibilizado el régimen financiero a las entidades de capital riesgo que inviertan, al menos, el 70% de su patrimonio en pequeñas y medianas empresas.

Estas medidas orquestadas por el Gobierno ante la escasez de crédito bancario, unidas a las perspectivas de cambio ciclo de mercado y de recuperación económica, han contribuido a construir un marco idóneo de oportunidades para la implantación y evolución de alternativas de financiación no bancaria a medio plazo.

Tradicionalmente, las herramientas de financiación no bancarias se reducían a leasing, renting, factoring y emisión de bonos de grandes corporaciones. Actualmente, el mercado ha desarrollado otras fórmulas que, poco a poco, se están abriendo paso entre las preferencias de las compañías: el MARF, crowdfounding y shadow banking (banca en la sombra).

El MARF, un complemento al mercado alternativo bursátil (MAB), ha sido una de las grandes apuestas del Gobierno para fomentar la financiación no bancaria y facilitar la captación de fondos. Si bien todavía no supone una alternativa real (a febrero de 2014, sólo Copasa, compañía de construcción y servicios, había acudido al MARF), sí crea un entorno nuevo, antes exclusivo de las grandes empresas.

El crowdfounding, un mecanismo de financiación colectiva entre inversores y emprendedores, se ha convertido en una alternativa real para pequeños proyectos. Su efervescente popularidad ha obligado al Gobierno a limitar el importe máximo de captación por proyecto para proteger los intereses de financiadores y financiados.

El shadow banking, como por ejemplo hedge funds, fondos de capital riesgo y fondos especializados en deuda mezzanine (deuda subordinada), financia empresas mediante deuda y capital, pero no está sometido a la regulación y supervisión del sector bancario. Por este motivo, la Comisión Europea está reforzando el control sobre estos nuevos actores en operaciones de deuda para atenuar los riesgos asociados al desplazamiento de operaciones a sectores menos regulados en cuestiones de capital, liquidez, apalancamiento y transparencia.

Estas opciones avanzan la existencia de fórmulas alternativas a la financiación bancaria que supondrán importantes implicaciones para todos. Los primeros afectados son los bancos, que deberán decidir cómo operar en este nuevo terreno de juego en términos de modelo de distribución, precios aplicados, políticas de riesgos, para adaptarse a las necesidades de empresas y emprendedores.

Sin embargo, mientras estudia sus posibilidades, la banca, expuesta a unas regulaciones de capital y solvencia cada vez más exigentes, puede ceder un valioso espacio al resto de jugadores en un mercado cada vez más competitivo.

Carlos Pérez es socio de Roland Berger.