Editorial

Formación por encima de todo

Una de las grandes fallas del actual modelo económico español es, sin lugar a dudas, el sistema de formación profesional, al que actualmente se destinan unos 1.800 millones de euros anuales, de los cuales aproximadamente la mitad son para formar a trabajadores ocupados y la otra mitad a desempleados. Escándalos vergonzosos e intereses financieros al margen, la evidencia es que el esquema se ha mostrado ineficiente, algo que es especialmente preocupante en un entorno de alcance mundial en el que la preparación -a cualquier nivel- es determinante no solo para el futuro personal y laboral de un empleado como para el balance competitivo de la empresa para la que trabaja. Y es un mal que afecta tanto a la formación que se dirige a los ocupados como a la que se ofrece a los parados. Este panorama es el que tienen ante sí el Gobierno, la patronal y las organizaciones sindicales, que se encuentran en plenas negociaciones para tratar de refundar el modelo de formación. Su objetivo es cerrarlo antes de que llegue el próximo parón estival. En sus manos se encuentra una de las palancas más importantes y eficaces con las que mover la actividad económica en España y garantizar un grado de competitividad que permita hacerla sostenible en un mundo cada vez más exigente.