Ahora los desarrolladores pueden aprovechar más la GPU para optimizar sus juegos
La Xbox One sin Kinect es un 10% más potente

La Xbox One sin Kinect es un 10% más potente

Desde su lanzamiento Microsoft defendía, hasta hace poco, que Xbox One y Kinect eran inseparables. Incluso el propio Major Nelson hace unos meses, nombre tras el que está Larry Hryb, Director de Programación de Xbox en Microsoft y portavoz de esta división del gigante de Redmond en las redes sociales, afirmó que no habría planes para ello y nunca habría un pack sin el accesorio.

Sin embargo, como pasó con otras características presentadas junto a la consola en el E3 de 2013, al final esta política también ha cambiado y el pasado 13 de mayo se anunciaba un pack que rebajaba la consola de Microsoft de nueva generación 100 euros, hasta los 399 euros, y que eliminaba el Kinect de la ecuación. La decisión de abandonar Kinect, que por otra parte puede ser acertada, deja muy en entredicho a Microsoft y la solidez de su propuesta con Xbox One, que parece por momentos errática y permeable a los vaivenes del mercado, ya que entre lo presentado el año pasado en el escenario de la feria de Los Ángeles y la consola que ofrece hoy, a las puertas de un nuevo E3 2014, hay una diferencia abismal.

 

Sin Kinect, los juegos pueden exprimir más sus gráficos

Pero si esto no fuera la crónica de una muerte anunciada para el accesorio con el que la Xbox One, se supone, no podía funcionar y que tanto revuelo armó al saberse que estaba siempre “mirando” y “escuchando”, aún se ha hecho más palpable que este accesorio ya no es esencial, y no lo será, para la consola cuando se ha confirmado que la consola de Microsoft gana un 10% de potencia si este elemento no está conectado.

Este descubrimiento se ha hecho gracias a que los desarrolladores han encontrado en la última actualización de del software de desarrollo que ofrece Microsoft para los equipos de programación y testeo de videojuegos. Microsoft, ya lo anunció en un tweet oficial de su máximo responsable, Phil Spencer, indicando que “el software de desarrollo de Junio para Xbox One ofrecen un incremento en la capacidad de la GPU. Más rendimiento, nuevas herramientas y más flexibilidad para crear mejores juegos.” Más tarde, otro responsable, en respuesta a Eurogamer, corroboraba el porcentaje “en junio hemos lanzando un nuevo SDK (Software Development Kit) que hace posible a los desarrolladores acceder a los recursos de la GPU que antes estaban reservados para Kinect y otras funciones del sistema.”


Kinect, de “esencial” a “muy secundario”

Puede parecer un dato anecdótico pero no es sino el último clavo del ataúd para el Kinect de Microsoft o más bien del intento de Microsoft por establecerlo como un elemento nuevo e indispensable de la jugabilidad y la experiencia de su consola. Con un 10% más de potencia gráfica a su disposición y, probablemente, un número creciente de usuarios de Xbox One que no tienen Kinect, es lógico pensar que los estudios de desarrollo van a dar de lado a este elemento y cualquier función que fuera destinada a él para aprovechar y mejorar el rendimiento de sus títulos que ahora pueden ofrecer más y mejores gráficos y una estabilidad mayor al contar con unos recursos superiores. E incluso, se puede llegar a dar el caso de que ciertos juegos exijan al usuario desconectar el periférico si quiere disfrutar de la mejor de las experiencias.


¿No habrá más juegos para Kinect?

Eso es algo que tampoco se puede dar por sentado, y de hecho, no pasará. Al igual que en Xbox 360, Kinect y sus juegos sociales y casuales continuará ocupando un espacio en el catálogo de la consola de Microsoft pero dejará definitivamente de ser parte esencial de la “experiencia” que supuestamente la empresa de Redmond ha esgrimido como uno de los puntales frente a una más económica, y con mejores ventas, PlayStation 4.

 

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