El otro lado de la Fórmula 1

La carrera contra el céntimo

Algunas escuderías de Fórmula 1 externalizan procesos clave para ahorrar costes.

Pastor Maldonado, piloto de Fórmula 1 del equipo Lotus
Pastor Maldonado, piloto de Fórmula 1 del equipo Lotus

Entre la primera carrera y la última del mundial, la estructura y composición de un bólido de Fórmula 1 ha cambiado en un 70%. Diseño y desarrollo del coche, logística, personal, pilotos... La Fórmula 1 es un deporte caro. Una escudería media, para ser competitiva, necesita reunir un presupuesto de algo más de 150 millones de euros, y los patrocinadores no abundan.

Solo Ferrari y Mercedes tienen detrás el respaldo de una gran fábrica propia, y otras como Red Bull, unos enormes recursos financieros. El resto, en su mayoría en manos de fondos de inversión, debe optimizar al máximo todas sus compras. “Queremos ser el mejor equipo euro a euro”, relata uno de los responsables de marketing de la escudería Lotus, François Puentes, durante los entrenamientos que varios equipos realizaron en el circuito de Montmeló la semana posterior al Gran Premio de España.

El papel de las ruedas

La carrera contra el céntimo
REUTERS

Una gran carpa repleta de neumáticos sirve de anticipo al entrar en los boxes de las escuderías. Cientos de ellos se apilan unos encima de otros perfectamente diferenciados y cubiertos con mantas térmicas. Estas los mantienen a 90 grados de temperatura, aunque al tacto exterior el calor resulta agradable. Pirelli los suministra de forma única desde 2011 y lo hará hasta 2016. Cada equipo dispone de cuatro componentes diferentes para las carreras: uno más duradero, otro más rápido y menos resistente, y dos en función de las condiciones de agua.

La conocida como la máxima competición del automovilismo da continuos pasos hacia la contención de costes. Primero fue la limitación de repostajes y de entrenamientos durante la temporada. Después, la reducción de potencia en los motores, y para 2015, la Federación Internacional de Automovilismo ha anunciado una limitación presupuestaria que ha levantado en armas a las grandes escuderías, que llegan a superar los 300 millones de presupuesto. Las mismas que levantan inmensos motorhome, una especie de cafetería ambulante para vips en los circuitos. “Ellos gastan los millones en eso y no ganan carreras. Nosotros preferimos invertirlo en otras cosas”, afirma un trabajador de una de esas escuderías austeras.

Algunas de ellas, como Lotus, han recurrido a la externalización de algunos departamentos clave. Para ello ha recurrido a Microsoft Dynamics, una división del gigante tecnológico que se encarga de hacer más eficientes los procesos de la escudería. “La Fórmula 1 es un ejemplo de la actual competitividad empresarial: hay que correr más rápido que el resto aprovechando tus recursos y con una regulación en constante cambio”. Así habla Ricky Gangsted-Rasmussen, jefe de producto de Dynamics. Lotus cambiaba de propiedad este invierno tras una crítica situación económica. Su estrella el año pasado, Kimi Raikkonen, se negaba a correr las dos últimas carreras tras no cobrar gran parte de su salario del año pasado. “Lotus necesitaba aprovechar sus procesos y recursos de manera más eficiente”, resalta el portavoz de Microsoft.

En una primera fase, esta se encarga de gestionar las finanzas, los recursos humanos, los procesos de producción y, por supuesto, las soluciones tecnológicas de la escudería, en un proceso que culminará en 2015 encargándose de la logística o el transporte. Un ejemplo, procesar los 30 terabytes de información que genera 30 horas de utilización del túnel del viento. “Integramos los procesos de la empresa para ganar agilidad y reducir coste. Así, el equipo solo se preocupa de arañar décimas al cronómetro”, señala Gangsted-Rasmussen. Pero la Fórmula 1 es un mundo que poco tiene que ver con cualquier sector convencional, sobre todo por “las restricciones de recursos, la velocidad de la competición y la utilización de tanta tecnología para un solo propósito: correr más rápido”.

No es el único equipo con el que trabajan, aunque no pueden especificar con cuáles. Un reflejo del secretismo que rodea a esta competición. Los ingenieros de los equipos no pueden utilizar ordenadores portátiles, y los que usan no tienen salidas para acoplar memorias USB. Todos sus correos electrónicos son supervisados, y cuando proceden de otro equipo, necesitan una autorización para leerlos. Tampoco pueden acceder a servicios de correo web y sus smartphones, por supuesto, están limitados. Es la particularidad de la Fórmula 1.