El Foco

¡Demos alas a la creatividad!

La creatividad vive una auténtica explosión gracias a la nueva era digital. Jamás en la historia se habían consumido tantos y tan variados productos culturales. Y nunca hasta hoy los consumidores habían tenido tanto poder sobre ellos. Ya sea desde una tableta electrónica, un móvil, una televisión smart o desde cualquier otro dispositivo, el consumidor quiere disfrutar de la creatividad cómo, dónde y cuándo quiere. El consumidor, que es un consumidor social y tecnológicamente conectado, quiere que el disfrute de un apasionante libro, una relajante canción o una trepidante película sea una experiencia única, personal.

El imparable ascenso de internet en todos los rincones del mundo, junto con la expansión de los dispositivos inteligentes, conduce a una progresiva democratización del acceso y consumo digitales. Esta revolución digital, que no tiene marcha atrás y que convierte al consumidor en el verdadero rey, plantea enormes desafíos pero también enormes oportunidades para las industrias creativas, que son decisivas para el crecimiento económico, el empleo y la innovación en Europa y, por supuesto, en España.

Las oportunidades son tan grandes que solo podemos ver el futuro con optimismo: las compañías podemos lograr más consumidores y atraer otras audiencias a las que ofrecer formatos digitales más flexibles, accesibles y portables. Además, nos beneficiamos de una sensible reducción de los costes de producción y distribución respecto a los del mundo físico. Pero esta gran transformación también conlleva retos, con mayúsculas, que van desde la lucha contra la piratería hasta la ausencia de una armonización fiscal entre los países europeos. Si no abordamos con inteligencia estos desafíos saldremos todos malparados, desde las empresas que nos dedicamos a generar los contenidos que ahora son tan demandados hasta la propia sociedad. Porque el todo gratis no es compatible con un sistema de valores que premia el esfuerzo y que permite vivir a los creadores del fruto de su trabajo, la creatividad.

Y precisamente esto, el paso de la cultura a la era de internet, es lo que vamos a debatir entre hoy y mañana en el foro Cultura en Red, que impulsa Bertelsmann junto con otros pesos pesados de la industria (NBCUniversal, Planeta y PRISA). La flor y la nata del sector, tanto en su vertiente empresarial y sectorial como en la política, se dará cita para analizar, entre otros temas, la relevancia de la industria en el tejido económico; la mejor manera de espolear las inversiones; los incentivos más eficaces para crear modelos de negocios de éxito; la mejor manera de fomentar el consumo digital, y el modo de proteger legalmente la creatividad de los autores.

El ‘todo gratis’ no es compatible con unsistema de valores que premia el esfuerzo

Ahora que estamos ya saliendo del túnel de la crisis, ha quedado patente que las industrias creativas han resistido el vendaval mejor que la media y que son un motor importante del crecimiento, la competitividad y la innovación de Europa. Según la Comisión Europea, las industrias creativas generan cerca del 3% del PIB y 6,7 millones de empleos. Además, ofrece en general puestos de trabajo altamente cualificados y muchos de ellos van dirigidos a los más jóvenes.

Pero para que las industrias creativas florezcan, generen más empleo y contribuyan a mantener viva nuestra diversidad cultural y lingüística, es importante que sean económicamente viables. Es decir, que sus contenidos estén adecuadamente remunerados. Si nuestros contenidos no tienen un valor, no habrá contenidos, no habrá creatividad. La piratería es particularmente sangrante en España, donde muchos contenidos (las estadísticas son muy variadas entre sí, pero todas ellas son alarmantes) se descargan y se consumen violando las leyes.

La piratería es sangrante en España, donde muchos contenidos se descargan y se consumen violando la ley

Por eso, necesitamos una Ley de Propiedad Intelectual que proteja de forma más eficaz los derechos de los creadores y de la industria cultural. La actual ley, cuya reforma se está negociando en el Congreso, es un claro paso adelante. No obstante, conviene reforzar otros puntos, como los mecanismos vigentes de lucha contra los delitos de piratería, para garantizar una actuación ágil y, sobre todo, eficaz. El marco legal debe proporcionar seguridad y confianza, unas reglas de juego claras. Sin ellas, no habrá incentivo para invertir en creatividad, para innovar.

Esta lucha, sin embargo, no será exitosa si no vencemos en otro frente: el educativo. En España hay una sorprendente tolerancia hacia la piratería que evidencia una falta de conciencia sobre la gravedad de este comportamiento social. La gente que consume bienes culturales de forma ilegal debería saber que esa forma de obrar daña gravemente a los creadores, los innovadores, los artistas y a los autores a la vez que causa destrozos irreparables al empleo, la innovación, la economía y hasta la propia marca España.

Bertelsmann es una empresa del siglo XIX que ha sufrido muchas mutaciones a lo largo del tiempo. Y en cada etapa histórica, ha sabido manejar con éxito los nuevos cambios tecnológicos y se ha adaptado a las nuevas necesidad de los consumidores. Estamos seguros de que en la nueva etapa de internet también lo haremos. Y lo lograremos con el apoyo de las empresas de nuestra industria y de los poderes públicos y un cambio de conciencia de los ciudadanos respecto al consumo ilegal de contenidos, como ya está ocurriendo en otros países europeos.

Si algo caracteriza a Bertelsmann es la creatividad. Es lo que nos define y nos hace diferentes. Es nuestra esencia. Es la sangre que corre por las venas de nuestros creadores, por nuestros programas de televisión o radio, por las páginas de nuestros libros o revistas. Fortalecer a Bertelsmann es fortalecer la creatividad y el emprendimiento creativo. Por eso nuestra estrategia es invertir en creatividad y por esto también estamos repensando nuestros modelos de negocios tradicionales para adaptarlos a esta nueva era digital en la que el consumidor, el consumidor social y tecnológicamente conectado, es el rey indiscutible.