Editorial

La asignatura inmobiliaria de la banca

La crisis inmobiliaria obligó al sector financiero a convertirse en experto de primer orden en el negocio del real estate. El estallido de la burbuja inundó sus balances de ladrillo, promociones y solares. Las dificultades se intensificaron aún más cuando en 2012 el Gobierno comenzó a exigirle a la banca más provisiones por este riesgo, lo que la forzó a vender activos. Así, las seis grandes entidades –Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Popular y Bankia– vendieron más de 180.000 inmuebles en los dos últimos años, lo que las convierte en las principales inmobiliarias del país. Y el proceso sigue en aumento, porque la gran banca prácticamente ha duplicado el ritmo de venta de inmuebles en lo que va de año.

Es cierto que algunas entidades han preferido transferir a terceros la gestión de sus activos inmobiliarios, sin embargo, algunos de los mejores resultados los siguen cosechando aquellas que apuestan, al menos por ahora, por mantener la propiedad de sus plataformas. Como quiera que sea, la banca se enfrenta todavía a una seria losa en forma de ladrillo. A pesar de los 11.400 millones que traspasó a Sareb, el banco malo especialmente diseñado para esta función, la banca mantiene aún en sus balances cuantiosos activos inmobiliarios, valorados en 81.000 millones de euros, como parte de la riada que entró sus balances tras el estallido de la burbuja. Esa enorme cantidad se debe en gran parte a que las entidades se mostraron inicialmente renuentes a bajar precios para vender, pese a que la caída de recursos de los potenciales compradores presionaba a la baja y a que era lo que aconsejaba el riesgo de esa pesada carga. Pero las fuertes provisiones impuestas por Economía activaron una importante política comercial para dar salida a esos activos. Claro que, al tiempo, nuevas oleadas de activos seguían llegando a los balances. Cierto que el ritmo de adjudicaciones comienza a moderarse, pero de la enorme cantidad citada que suman las 15 mayores entidades del país, un 37% está compuesto por solares, un producto para el que apenas hay salida. El 45% formado por inmuebles terminados, fundamentalmente viviendas (37% del total), tiene mayor tirón comercial. La problemática partida de solares se estima en algo más de 30.500 millones, y es un producto casi paralizado fuera de Madrid y Barcelona. Una difícil digestión que va a ser más lenta que la ya de por sí costosa del resto de activos, aunque ayude la elevada provisión –60% del valor, frente al 49% de media del conjunto inmobiliario–, y el creciente interés de los inversores extranjeros.

La salud del sector dependerá de la eficacia con que la banca se deshaga de esta pesada carga, y más ahora que por fin el FROB se presta a completar la subasta de Catalunya Banc, el eslabón pendiente para un sector obligado a salir reforzado de esta larga travesía del desierto que le ha dotado de un nuevo cuerpo.