Editorial

Los peligros del exceso de regulación

El presidente de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), José María Marín Quemada, ha puesto el dedo en la llaga sobre uno de los grandes problemas que arrastra España en materia de libre mercado: la existencia de un exceso de regulaciones que dificultan la actividad económica. A los siete meses de iniciar su andadura, la CNMC –tal y como expuso ayer su presidente ante la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados– ha adoptado casi un millar de acuerdos o resoluciones y ha presentado para seguimiento o conocimiento del consejo más de 483 asuntos. Prácticamente un tercio de esos expedientes corresponden al área de competencia y promoción de la competencia.

Más allá de esa intensa actividad desplegada por el organismo en los primeros meses de existencia, el diagnóstico sobre la enfermedad hiperregulatoria que padecen los mercados en España es grave. Más aún cuando Marín Quemada no ha dudado en acusar al conjunto de las Administraciones públicas de apoyarse en ocasiones en “colectivos o entidades concretas” y legislar en contra de la libre competencia.

Todas estas barreras en los mercados se han traducido en un aumento de los precios que abonan los consumidores españoles. Pese a que el presidente de la CNMC no ha explicado en qué niveles de organización territorial existen mayores problemas –Estado, comunidades autónomas o ayuntamientos–, sí ha denunciado que tras ese afán regulatorio existe a veces la necesidad de “paliar una falta de medios”. Esa afirmación resulta especialmente seria en un país cuyas Administraciones públicas arrastran todavía desequilibrios presupuestarios y cuentan, por tanto, con la urgente necesidad de aumentar sus ingresos.

Del balance de la CNMC en estos primeros meses de actividad no solo se desprende que la competencia en España tiene como un importante enemigo la actividad regulatoria del sector público, sino que los cárteles cuentan en nuestro país con cierta “tradición”. Contra esa estrategia organizada anticompetitiva dirigirá el organismo buena parte de sus esfuerzos en el futuro, a través de un plan estratégico que apostará por la colaboración entre la CNMC y las distintas Administraciones. Para Marín Quemada, el contacto entre el organismo regulador y las Administraciones públicas constituye una pieza fundamental de esa estrategia. Como no puede ser de otro modo, el plan incluye la necesidad de reforzar la acción internacional y potenciar la participación del organismo en foros internacionales y especialmente comunitarios. No en vano, en materia de libre competencia Europa es un mercado único. Un reto para un organismo que debe moverse en la delgada frontera que separa la defensa de la competencia del intervencionismo desmesurado.