Editorial

La banca vuelve a las hipotecas

En marzo, el volumen del crédito hipotecario nuevo contratado subió más de un 40%, mientras que los préstamos sin garantías y destinados a otro tipo de financiación lo hicieron en cuantías mucho más modestas, aunque en todo caso positivas. No obstante, la intensidad de los nuevos préstamos es aún tan limitada tras larguísimos trimestres de descensos que no es suficiente como para incrementar el volumen de crédito vivo concedido por las entidades financieras a empresas y familias residentes. El ritmo de desapalancamiento es aún demasiado elevado como para incrementar la carga de financiación, pero hay actividades que comienzan a moverse mientras otras permanecen en retirada.

Aunque la demanda de crédito hipotecario nunca ha cedido, ni siquiera durante la crisis, no había sido plenamente satisfecha por la banca en los últimos años. La aplicación ahora de criterios de solvencia desechados durante el boom inmobiliario y de crédito ha limitado el negocio y ha expulsado a la demanda, muy castigada también por una marcha muy pesimista de la economía y del empleo. Pero ahora, con la economía en pleno proceso de estabilización, el empleo calentando motores y la expectativa de crecimiento de ambas variables en vertical, ha vuelto tanto la demanda de casas y de crédito hipotecario como la recuperación de una política comercial de la banca intensiva en este tipo de préstamos.

Si hasta ahora el imparable crecimiento de la mora hacía impensable reactivar el mercado del crédito hipotecario, la estabilización también de los impagados permite a las entidades abrir ligeramente el grifo de la financiación en una modalidad de crédito que únicamente alcanza una mora del 6%. Pero la banca ha girado la llave de los préstamos hipotecarios también por necesidad de recomponer los márgenes estresados por unos tipos de interés muy bajos y una jibarización obligada de la cartera de crédito. La captura de clientela solvente con compromisos de pago hipotecario abultados, y con unos márgenes mucho más generosos que los vendidos durante los años de la fiesta financiera, es una de la brechas comerciales que la banca no quiere dejar escapar para recomponer las dañadas cuentas de resultados, aún con poco incremento del activo del balance.

Aunque sea de manera lenta, las entidades financieras españolas siempre han sobreponderado su cartera crediticia hipotecaria y ahora deben renovarla para convertirla, junto con la deuda pública, en un estabilizador de sus números. Pero la banca debe también atender al resto de la demanda de financiación, que debe girar hacia otro tipo de actividades con mayor recorrido productivo para equilibrar una economía excesivamente sesgada hacia el negocio inmobiliario. Esta actividad proporcionará, entre otras cosas, unos retornos perdurables para el negocio bancario.