De paso en tierra de tigres y dragones

Los países del sudeste asiático despegan con fuerza como destinos exóticos

La isla de Lankayan, al norte de Borneo, con sus típicas e idílicas cabañas.
La isla de Lankayan, al norte de Borneo, con sus típicas e idílicas cabañas.

Tigres y dragones. Así se conoce a varios países del sudeste asiático que durante varias décadas consecutivas han sido, siguen siendo, la envidia de muchos otros en medio mundo por su espectacular desarrollo económico y alto nivel de industrialización.

En el primer grupo se sitúan el pequeño Estado de Singapur, Corea del Sur y las regiones chinas con estatus especial de Hong Kong y Taiwán.

En el segundo grupo, el de los tigritos o dragones menores, se sitúan Malasia, Indonesia, Tailandia y Filipinas, de los cuales el primero es el alumno aventajado y los segundos han logrado un desarrollo mucho menos espectacular y, sobre todo, irregular.

Todos comparten situación geográfica y enormes diferencias y contrastes internos. Casi todas sus capitales –Singapur, Kuala Lumpur, Hong Kong, Seúl o Bangkok– les han puesto en el escaparate de los turoperadores de larga distancia.

De meras escalas, han pasado a ser polos turísticos

Y esas ciudades, hasta hace poco destinos de paso entre los viajeros hacia plazas más turísticas por sus excepcionales aeropuertos, conexiones y un magnífico emplazamiento, se han ganado poco a poco un lugar entre las preferencias de los turistas por derecho propio.

Atractivos no les faltan, siguen siendo países exóticos para el viajero occidental, son un paraíso para las compras, las de firma y las falsificaciones, casi todos conservan un rico pasado colonial, de nacionalidades distintas según los avatares de la historia y que contrasta con su urbanismo salvaje con perfil de impresionantes rascacielos y la tecnología más sofisticada.

El bullicio de sus calles, los innumerables puestos callejeros, una deliciosa y variada oferta gastronómica y de ocio, un tráfico atroz al que compensa una magnifica y eficaz red de transporte público, son lugares comunes también en muchos de ellos.

Cosmopolita, salvaje y desconocida

Las torres Petronas de Kuala Lumpur.
Las torres Petronas de Kuala Lumpur.

Si es aficionado a las novelas de aventuras más que a la economía, El Tigre de Malasia le sonará más por las peripecias de Sandokán, el pirata protagonista de Emilio Salgari, que por el fulgurante desarrollo de este país.

El icono más famoso de esa modernidad son las torres Petronas. El emblemático doble rascacielos de la capital, Kuala Lumpur, espectacular, cautivadora y atractiva como pocas.

Son las torres gemelas más altas del mundo: 452 metros de hormigón armado, acero y vidrio. Le impresionarán desde fuera y por dentro, como la ciudad, aunque quizás salga un tanto defraudado, después de aguantar la larga cola de espera, para contemplar las vistas y realizar el paseo que el cinematográfico puente que las une, le ofrece.

Quizás eso sea lo único que le decepcione, pero solo un poco, de su visita a Malasia. La cosmopolita Kuala Lumpur es la fulgurante entrada a “muchos” países, porque la mezcolanza de culturas, costumbres y gentes –malayos, indios y chinos, fundamentalmente– que colorean la península, poco tiene que ver con Borneo, la gran zona insular que comparte soberanía con Indonesia y Brunei.

En la gran isla predominan las selvas más tupidas, las reservas de animales protegidos como los orangutanes del parque natural de Sepilok, las tribus remotas de costumbres milenarias y las montañas de formas caprichosas y cimas, aparentemente inalcanzables, por lo duro de la ascensión.

Los pináculos del Gunung Mulu harán las delicias de los más aventureros y en la región de Sarawak, la ascensión al monte Kinabalu se hace de madrugada para contemplar el amanecer en la cima. Mucho mejor si madruga un poco más y evita las multitudinarias y ruidosas excursiones de los turistas chinos.

Malasia es también un paseo por su pasado colonial como Malacca y ofrece la posibilidad de disfrutar de islas paradisiacas, como el archipiélago de Langkawi.

El país donde el tamaño sí importa

El barrio chino de Singapur está salpicado de numerosos templos.
El barrio chino de Singapur está salpicado de numerosos templos.

En Singapur, menos el tamaño de la isla-ciudad-Estado, casi todo es superlativo.

Dispone de uno de los mayores y más modernos aeropuertos del mundo, Changi, donde se puede alquilar una habitación para pasar la noche si su vuelo sale o llega a horas intempestivas –es caro–; tiene una de las mejores líneas aéreas y con más conexiones, Singapore Airlines; es quizá el país más limpio del mundo y probablemente uno de los que más prohibiciones tiene.

Entre ellas, la de llevar durián, la fruta local, a los hoteles. ¿Por qué? Su olor les parece nauseabundo, su sabor no tiene nada que ver.

Singapur es tremendamente seguro, tiene una buena y eficaz red de transporte y puede ser la ruina de los compradores compulsivos.
Si algo de esto ya le ha seducido, disfrute callejeando por la ciudad y sus parques y déjese envolver por su ambiente. Desde el parque Merlion se disfruta una de las mejores vistas de los rascacielos.

A orillas del río Singapur se ubica Clarke Quay, una de las zonas más bonitas y ambientadas de la isla, ideal para cenar y tomar una copa. Si prefiere una cena tradicional vaya a Boat Quay.

Litte India, el barrio indio, le trasladará por un momento a las calles más típicas de ese país, con la música de Bollywood sonando sin descanso y el olor a incienso y especias no le dará respiro. Chinatown, el distrito chino, es un imán para los visitantes por sus numerosas tiendas, restaurantes, museos y templos.

En la suntuosa y arbolada calle Orchard están las tiendas de firma, los hoteles caros y los mejores y gigantescos centros comerciales. Una visita a cualquiera de ellos supone una extenuante excursión urbana.

Después de tanto ajetreo, haga un alto en el Hotel Raffles y tómese algo en su bar, donde recibirá un trato exquisito. Paradigma de la época colonial, mantiene un ambiente de lujo y glamour. Recorra su galeria y relájese contemplando sus patios.

Si le queda energía, súbase a Singapore Flyer, la noria más alta del mundo (165 m), desde allí se divisan todos los puntos de interés de la ciudad.

La otra ciudad que nunca duerme

Vistas de Hong Kong desde el famoso Victoria Peak.
Vistas de Hong Kong desde el famoso Victoria Peak.

La primera impresión que uno tiene al llegar a Hong Kong es que todo se mueve, y demasiado rápido, y la segunda, sobre todo si se viene de otras partes de China, es que no tiene mucho que ver con el resto del país.

Para muchos viajeros, a priori, es un lugar de paso –un error– y que solo merece la pena por la gran cantidad de conexiones que ofrece su impresionante aeropuerto.

Y decimos que es equivocado porque lamentará si en su itinerario solo ha reservado un día para disfrutar de la excolonia británica.

Compite con la continental Shanghái como capital de la modernidad del gigante asiático y tiene la ventaja de que se puede hacer mucho en muy poco tiempo. Por algo, la ciudad alimenta la leyenda, más que cierta, de que nunca duerme.

Uno tiene la sensación de que hay un montón de gente todo el tiempo y en todos los sitios. Allí viven siete millones de habitantes de todo el mundo, porque gran parte de la población de la península son expatriados. Ese cóctel de nacionalidades es el que confiere un carácter singular a esta ciudad donde los 150 años de influencia colonial se funden con 5.000 de tradición china.

Su skyline presume de hacer sombra al perfil del mismísimo Nueva York. Como allí, sentirá un irrefrenable impulso a comprar.

Con la tecnología punta a pie de calle

Panorámica nocturna de Seúl, donde la noche tiene ritmo propio.
Panorámica nocturna de Seúl, donde la noche tiene ritmo propio.

Corea del Sur es uno de los destinos más desconocidos del sudeste asiático, aunque su capital, Seúl, pasa por ser una de las más vibrantes de la región.

Una ciudad de contrastes, donde edificios modernísimos compiten en vistosidad con palacios ancestrales.

Seúl fue reducida a escombros durante la guerra de las dos Coreas y en apenas sesenta años, esta ciudad de gente amable, que parece estar disculpándose a cada rato y por cualquier cosa, se ha reinventado.

La barrera idiomática puede ser un contratiempo, pero no mucho porque los coreanos se esforzarán en ayudarle o… se disculparán con mil reverencias por no poder hacerlo.

Al norte del Río Han se localiza la ruta de los palacios como el Gyeongbokgung y el Chandeokgung, que alberga el jardín secreto real.

La ciudad es famosa por sus bulliciosos mercados callejeros, sus imponentes centros comerciales, sus tiendas de todo tipo y sus restaurantes.

Todo abierto y concurrido, mañana, tarde, noche o madrugada. Seúl es una ciudad muy segura pero le sorprenderá la cantidad de cámaras de videovigilancia y de policía en las calles.

Se sentirá raro si no lleva el último modelo de cualquier dispositivo móvil… son unos fanáticos de la tecnología, están a la última y no sólo los jóvenes.

La isla verde de escenarios increíbles

Taipéi compite en la altura de sus rascacielos y modernidad.
Taipéi compite en la altura de sus rascacielos y modernidad.

Taiwán, como Hong Kong, es una región administrativa de China con un estatus especial, pero a diferencia de la excolonia británica y a pesar de su rutilante desarrollo, la isla respira la influencia tradicional china por los cuatro puntos cardinales.

No se asuste si en algún momento le ponen mala cara y no entiende por qué, lo más probable es que en nuestro desconocimiento hayamos roto algún tabú o hayamos desafiado alguna superstición. Mala suerte.

Tampoco si no está acostumbrado a la humedad, a veces insoportable en la llamada isla verde. 

Si es asiduo a las capitales del sudeste asiático, poco le sorprenderán el bullicio callejero y los megaedificios de cristal rozando el cielo de Taipéi, la capital y visita imprescindible, también por sus numerosos templos. Pei-kang y Tainana son otras ciudades interesantes de conocer.

No se pierda el Parque Nacional de la Montaña de Jade (Yu Shan), cita obligada de senderistas y escaladores que quieren pasear o coronar alguno de los 11 picos de más de 2.000 metros cada uno.

Espectacular le parecerán las Gargantas de Taroko, donde los cañones erosionados por el agua de las montañas crean escenarios increíbles. El acceso, por una estrecha carretera excavada en la roca, es de por sí un atractivo añadido.